Hay momentos en que la paz parece demasiado grande para nuestras manos. Vemos guerras en las noticias, peleas en casa, compañeros que no se hablan y palabras duras que siguen doliendo después de que el sonido desaparece. Tal vez la discusión ocurra a nuestro alrededor. Tal vez ocurra dentro de nosotros.
En esas horas, rezar por la paz no es fingir que nada sucedió. Tampoco es quedarse callado ante una injusticia. La paz de Jesús mira la herida, llama al mal por su nombre y busca un camino que no produzca una herida nueva.
San Francisco de Asís conoció la violencia. De joven deseó la gloria de las batallas y fue prisionero de guerra. Después bajó del caballo, se acercó a personas rechazadas, pidió perdón, dialogó y llamó hermanas a todas las criaturas. Descubrió que la paz comienza cuando dejamos de tratar al otro como enemigo y empezamos a verlo como alguien amado por Dios.
Esta oración pide exactamente eso: no que lo hagamos todo solos, sino que ofrezcamos a Dios lo que podemos hacer hoy.
¿De dónde viene esta oración?
Quizá conozcas la famosa oración que comienza con las palabras «Señor, hazme instrumento de tu paz». Es muy hermosa y expresa bien varios valores franciscanos, pero no fue escrita por san Francisco.
El registro más antiguo conocido apareció de forma anónima en diciembre de 1912, en una pequeña revista católica francesa llamada La Clochette. Francisco había muerto casi siete siglos antes, en 1226. Con el tiempo, la oración se imprimió junto a la imagen del santo y empezó a vincularse con su nombre. Franciscan Media, obra de los frailes franciscanos de la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe, explica esta historia en «Origin of Saint Francis’ Peace Prayer».
El texto que rezarás a continuación tampoco es una obra de san Francisco ni una copia de aquella oración del siglo XX. Es una oración original de este portal, inspirada en la vida de Francisco, en el Evangelio y en la vocación cristiana de construir la paz. La autoría se indica con claridad porque amar la tradición también significa contar la verdad sobre ella.
Oración para ser instrumento de paz
Jesús, nuestra paz,
entra primero en mi corazón.
Visita la parte de mí que todavía está en guerra,
los recuerdos que arden,
las respuestas que preparo para herir,
el miedo de parecer débil cuando pido perdón.
Donde mi voz se volvió dura,
enséñame a decir la verdad sin aplastar.
Donde callé por cobardía,
dame valor para defender a quien está solo.
Donde escuché solo para responder,
abre en mí un espacio para comprender.
No permitas que convierta a las personas en enemigas.
Recuérdame que cada rostro guarda una historia,
que cada corazón carga dolores que no veo
y que nadie deja de ser hijo o hija tuya.
Haz de mis manos un puente:
que compartan el pan,
levanten a quien cayó,
bajen las piedras
y cuiden la creación herida.
Haz de mis pasos un acercamiento:
que busque a quien quedó al margen,
regrese para terminar una conversación interrumpida
y cruce la pequeña distancia
que mi orgullo volvió enorme.
Cuando no pueda acabar con una guerra,
muéstrame la pelea que puedo dejar de alimentar.
Cuando no pueda secar todas las lágrimas,
muéstrame los ojos que están frente a mí.
Cuando la paz parezca imposible,
recuérdame que una semilla es pequeña
y, aun así, rompe la tierra oscura.
Señor Jesús,
haz de mi vida una puerta abierta a la reconciliación.
Que yo reciba tu paz,
aprenda tu mansedumbre
y tenga valor para dar el primer paso.
Amén.
Oración original del Portal São Francisco, inspirada en la espiritualidad franciscana.
Cómo rezar esta oración
Antes de comenzar, piensa en una situación concreta que necesita paz. Puede ser una discusión, una amistad herida, una noticia que te dio miedo o incluso una lucha dentro de tu corazón. No intentes resolverlo todo de una vez.
Respira despacio tres veces. Al inhalar, piensa: «Jesús, dame tu paz». Al exhalar, piensa: «Enséñame a compartir esa paz». Después, lee la oración sin prisa. Cuando una frase te toque, detente. El silencio también reza.
Al final, elige un solo gesto posible: escuchar sin interrumpir; no difundir un chisme; pedir disculpas sin agregar justificaciones; llamar a una persona adulta cuando alguien sufra violencia; escribir un mensaje respetuoso; rezar por una persona a quien te cuesta amar.
Construir la paz no significa permanecer en un lugar peligroso. Si hay amenazas, agresión o abuso, busca a una persona responsable y segura. La reconciliación nunca exige que una víctima acepte seguir siendo herida.
Un puente comienza en una orilla
Imagina a dos personas ante un muro roto. Ninguna puede reconstruir la ciudad entera esa tarde. Pero una puede retirar la primera piedra del camino. La otra puede extender la mano. Entre ambas, quizá nazca espacio para un olivo.
La paz cristiana no es solo una sensación tranquila. Es una manera de vivir. Necesita verdad, justicia, amor y libertad. San Juan Pablo II, en Asís, recordó estos cuatro pilares y llamó a los cristianos a ser constructores de paz con el pensamiento y la acción. Francisco sigue siendo tan amado porque su mansedumbre no era debilidad: tuvo fuerza para acercarlo al leproso, hacerlo abandonar la violencia y cruzar fronteras para encontrarse con un hermano.
Quizá tu gesto de hoy parezca pequeño. Sin embargo, casi todos los puentes comienzan así: alguien decide no lanzar la siguiente piedra.
Para conocer las fuentes
- Franciscan Media — Origin of Saint Francis’ Peace Prayer — explica el registro anónimo de 1912 y por qué la oración no puede atribuirse a Francisco.
- Franciscan Media — Francis Is Our Model for Peace — distingue la autoría histórica de la oración y la vida franciscana que esta evoca.
- Santa Sede — Encuentro de oración por la paz en Asís, 27 de octubre de 1986 — san Juan Pablo II presenta a Francisco como hombre de paz y habla de verdad, justicia, amor y libertad.
- Santa Sede — Carta a los fieles, de san Francisco de Asís — texto auténtico que muestra la oración de Francisco orientada a seguir los pasos de Jesús.

