Señor, gracias por la luz de este nuevo día. Dame ojos atentos para reconocer a quien necesita cuidado, manos dispuestas a ayudar y un corazón sencillo que no pase de largo ante lo importante. Que lleve paz adonde vaya. Amén.
Oración original inspirada en la espiritualidad franciscanaLibro I · La vida
La alegría que el dinero no puede comprar
Un niño llamado Giovanni
Su padre lo llamó Francesco, “el francés”. Su familia vendía telas finas y vivía cómodamente. Francisco aprendió música y poesía y tomó gusto por las fiestas. Era generoso, pero aún no sabía qué hacer con su vida.
La guerra rompe el sueño
Francisco fue a la guerra en busca de gloria. Terminó prisionero y enfermo. Meses de silencio hicieron nacer una pregunta: si la fama desaparece tan pronto, ¿qué vale de verdad la pena buscar?
El abrazo que venció el miedo
En aquella época, las personas con lepra eran expulsadas de las ciudades. Francisco les tenía miedo. Un día se acercó a un enfermo y lo trató como hermano. Después escribió que lo amargo se volvió dulce. Su corazón comenzó a cambiar.
Sin armadura ni riquezas
Francisco devolvió a su padre hasta la ropa que llevaba. No quería odiar el dinero; quería la libertad de no ponerlo nunca por encima de las personas. Empezó a reparar pequeñas iglesias y a cuidar a quienes habían sido olvidados.



