Cuando una oración conocida vuelve a respirar
Quizá conozcas el Padrenuestro desde muy pequeño. Por ser tan conocidas, a veces sus palabras pasan rápido por los labios sin llegar al corazón. Repetimos una frase tantas veces que dejamos de escuchar lo que dice.
El Padrenuestro formaba parte de la vida diaria de los primeros hermanos. En un texto conservado entre los escritos de Francisco, cada frase enseñada por Jesús recibe una ampliación. Es como si él colocara una lámpara junto a cada palabra y dijera: «Mira otra vez. Aquí hay más luz».
No intenta mejorar la oración de Jesús. Permite que se despliegue dentro de él. El «cielo» se convierte en la presencia de Dios en los santos. El «Reino» se convierte en Dios reinando en nosotros. El «pan» señala a Jesús. El «perdón» llega al lugar donde guardamos resentimiento.
Esta paráfrasis es oración y enseñanza al mismo tiempo. Rézala sin prisa.
Origen y autoría
Una meditación nacida junto al Padrenuestro
El texto latino se conoce como Expositio in Pater noster, «Exposición sobre el Padrenuestro». Aparece en antiguas colecciones manuscritas. La tradición lo atribuye al santo, aunque un códice vinculó la paráfrasis con fray Gil. Las principales ediciones franciscanas la reciben entre los escritos auténticos de Francisco.
No conocemos la fecha exacta de composición ni poseemos la hoja original. El texto llegó por copias antiguas. La versión de abajo es una traducción pastoral propia del portal, hecha a partir del latín y cotejada con ediciones franciscanas. Las ampliaciones pertenecen al escrito antiguo; solo la forma española fue preparada para una lectura clara.
Texto de la oración
Oración inspirada en el Padrenuestro
Oh Padre nuestro santísimo:
nuestro Creador, Redentor,
Consolador y Salvador.
Que estás en los cielos:
en los ángeles y en los santos,
iluminándolos para que te conozcan,
pues tú, Señor, eres luz;
encendiéndolos para que te amen,
pues tú, Señor, eres amor;
habitando en ellos y llenándolos de felicidad,
pues tú, Señor, eres el Bien supremo,
el Bien eterno,
de quien viene todo bien
y sin quien no existe bien alguno.
Santificado sea tu nombre:
que el conocimiento de ti brille en nosotros,
para que conozcamos la grandeza de tus beneficios,
la extensión de tus promesas,
la altura de tu majestad
y la profundidad de tus juicios.
Venga tu Reino:
para que reines en nosotros por la gracia
y nos conduzcas a tu Reino,
donde veremos tu rostro sin sombras,
te amaremos perfectamente,
viviremos en tu feliz compañía
y nos alegraremos contigo para siempre.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo:
para que te amemos con todo el corazón,
pensando siempre en ti;
con toda el alma,
deseándote siempre a ti;
con toda la mente,
dirigiendo hacia ti nuestras intenciones
y buscando tu honor en todas las cosas;
y con todas nuestras fuerzas,
poniendo las energías y los afectos del cuerpo y del alma
al servicio de tu amor, y de nada más.
Que amemos al prójimo como a nosotros mismos,
atrayendo a todos, cuanto podamos, hacia tu amor;
alegrándonos con el bien de los demás como con el nuestro,
sufriendo con ellos en sus dificultades
y sin ofender a nadie.
Danos hoy nuestro pan de cada día:
tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo,
para que recordemos, comprendamos y reverenciemos
el amor que tuvo por nosotros
y todo lo que por nosotros dijo, hizo y sufrió.
Perdona nuestras ofensas:
por tu misericordia imposible de medir,
por la fuerza de la pasión de tu Hijo amado
y por los méritos y la intercesión
de la bienaventurada Virgen María y de todos tus elegidos.
Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden:
y lo que todavía no perdonamos por completo,
haz, Señor, que lo perdonemos enteramente,
para que amemos de verdad a nuestros enemigos por causa de ti,
recemos por ellos con sinceridad ante ti,
no devolvamos a nadie mal por mal
y procuremos hacer el bien a todos en ti.
No nos dejes caer en la tentación:
oculta o manifiesta,
repentina o persistente.
Y líbranos del mal:
pasado, presente y futuro.
Amén.
Traducción pastoral propia del portal a partir de la Expositio in Pater noster.
Una oración que siempre dice «nosotros»
Francisco llama a Dios Creador, Redentor, Consolador y Salvador. El Padre nos da la vida, nos rescata, permanece a nuestro lado y nos conduce a casa.
No dice «Padre mío» ni «dame mi pan». Dice nuestro y nos. Cuando un niño tiene hambre, su necesidad entra en nuestra oración. Cuando alguien que nos hirió aparece en la frase del perdón, esa persona también entra. El Padrenuestro no permite que el corazón quede encerrado en el «yo».
Francisco no finge que el perdón está completo. Reza por lo que aún no logramos perdonar. Perdonar no significa aprobar el mal ni regresar a una situación peligrosa. Significa pedir que Dios nos libere de devolver la herida y nos enseñe a buscar el bien.
Cómo rezar esta oración
Una frase a la vez
- Reza primero el Padrenuestro como ya lo conoces. No fuerces sentimientos. Solo di las palabras de Jesús con atención.
- Elige una sola petición. En lugar de leer toda la paráfrasis, permanece hoy en «venga tu Reino», «danos el pan» u otra frase que toque tu vida.
- Lee dos veces la ampliación de Francisco. La primera vez, procura comprender. La segunda, convierte cada línea en una petición personal y comunitaria.
- Dale un gesto a la oración. Si pediste pan, comparte. Si pediste perdón, interrumpe una venganza. Si pediste el Reino, realiza una acción justa que nadie necesite aplaudir.
Recorre las siete peticiones durante una semana. El séptimo día, reza el Padrenuestro completo y percibe cómo las palabras han adquirido rostro.
Meditación
El pan en el suelo de la capilla
Imagina a Francisco rezando con los hermanos en una capilla pobre. Hay un pan sobre un paño. Provino del trabajo, de la tierra, de la lluvia y de quien lo compartió. Jesús también se ofrece como Pan de Vida.
Al decir «danos hoy», nadie pide guardar todos los panes de mañana. Pide lo necesario y aprende a confiar. Al decir «nuestro», nadie puede olvidar a quien no recibió su parte. La oración eleva los ojos hacia Dios y, en el mismo movimiento, abre las manos al hermano.
El Padrenuestro cabe en menos de un minuto, como una semilla cabe en la palma de la mano. Cuando se acoge, echa raíces y se convierte en refugio. Hay un Reino entero escondido en estas palabras.
Para quien desea profundizar
Fuentes de esta página
- Oraciones de san Francisco — Orden de Hermanos MenoresLa Curia General OFM presenta la Oración inspirada en el Padrenuestro entre las oraciones de Francisco.
- A Prayer Inspired by the Our Father — Francis of Assisi: Early DocumentsEdición franciscana moderna del texto, con introducción, división de las peticiones y referencias bíblicas.
- The Writings of Saint Francis of Assisi — edición de 1905, CapDoxEdición histórica de dominio público que comenta la tradición manuscrita y presenta la paráfrasis completa.
- Catecismo de la Iglesia Católica, 2759–2865 — VaticanoPresenta el Padrenuestro como la oración fundamental recibida de Jesús y explica sus siete peticiones.
- «Padre de todos nosotros» — Audiencia general del papa FranciscoRecuerda que el Padrenuestro se reza en plural y nos hace responsables de nuestros hermanos.
La fraternidad de esta ilustración es una interpretación contemplativa, no la reconstrucción de un momento documentado.

