El joven Francisco sale a caballo por las puertas de Asís mientras una tormenta se acerca al camino
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La vida de san Francisco de Asís · Capítulo II

El sueño de ser caballero

Francisco partió en busca de gloria. La guerra le mostró un mundo muy diferente del de las canciones que amaba.

Un sueño vestido de metal

A Francisco le gustaban las historias de los trovadores. En ellas, los caballeros atravesaban bosques, vencían enemigos y volvían a casa cubiertos de honores. Sus armaduras brillaban. Sus nombres eran cantados. Parecía una vida mucho más grande que trabajar todos los días en la tienda de telas de la familia.

Para un joven como él, convertirse en caballero no significaba solamente aprender a luchar. Significaba ascender en la sociedad.

Francisco era hijo de un comerciante rico. Tenía dinero, ropa hermosa y muchos amigos. Pero el dinero no convertía automáticamente a una persona en noble. La caballería parecía un puente entre los dos mundos: de un lado, el mostrador de su padre; del otro, castillos, escudos de armas y admiración.

No soñaba con el miedo, el lodo ni las heridas de una guerra. Soñaba con la parte que cabía en las canciones.

A veces deseamos algo porque solo vemos su brillo. Todavía no conocemos el peso que lleva.

Una ciudad dividida

Asís estaba cambiando. Durante mucho tiempo, las familias nobles habían controlado tierras, fortalezas y decisiones. Pero los comerciantes se estaban enriqueciendo y querían participar en el gobierno de la ciudad.

Los dos grupos entraron en conflicto. Algunos nobles dejaron Asís y buscaron protección en Perugia, una ciudad poderosa situada a poco más de veinte kilómetros. La distancia era pequeña, pero la rivalidad era enorme.

En el año 1202, las fuerzas de Asís y Perugia se enfrentaron. Francisco tenía aproximadamente veinte años. Para él, aquella parecía ser la oportunidad que esperaba.

Imagina la mañana de la partida. Caballos inquietos. Metal golpeando metal. Estandartes alzados. Familias observando desde las puertas. Tal vez alguien gritó el nombre de Francisco. Tal vez creyó que volvería como héroe.

No sabemos qué dijo en aquel momento. Pero sabemos que partió.

Cuando la canción se encuentra con la guerra

La batalla suele asociarse con Collestrada, cerca de Perugia. Las tropas de Asís fueron derrotadas.

No necesitamos imaginar escenas violentas para entender lo que eso significó. Personas que habían caminado juntas no regresaron juntas. Los gritos ocuparon el lugar de las canciones. El joven que buscaba una aventura encontró confusión, miedo y pérdida.

Francisco fue capturado.

Los prisioneros pobres podían tener un destino terrible. Pero alguien advirtió que procedía de una familia con recursos. Un prisionero rico podía valer un rescate. Por eso, Francisco fue llevado a una prisión de Perugia junto con otros hombres.

La guerra que debía abrirle las puertas de la nobleza cerró ante él una puerta de hierro.

Un año sin horizonte

Las prisiones medievales no se parecían a las de hoy. Podían ser salas húmedas y oscuras, con poca comida, casi ninguna comodidad y enfermedades frecuentes. Los prisioneros esperaban hasta que un acuerdo o un pago decidiera su futuro.

Francisco permaneció preso cerca de un año.

Una antigua tradición cuenta que intentaba animar a sus compañeros. Eso concuerda con el joven alegre que conocemos, pero no significa que estuviera bien. Una persona puede contar una historia, hacer sonreír a alguien y aun así llevar miedo por dentro.

Allí no había ropa elegante que lo distinguiera. No había fiestas preparadas por sus amigos. No había público para la valentía que imaginaba poseer.

Había tiempo.

Tiempo para recordar. Tiempo para preguntar. Tiempo para descubrir que la gloria prometida por las canciones no sabía curar una herida ni devolver a un amigo.

El regreso a Asís

Francisco finalmente fue liberado, probablemente después de un acuerdo entre las ciudades y del pago de un rescate. Volvió a la casa de su familia, pero no volvió igual.

Su salud era frágil. Pasó un largo período enfermo. Las fiestas, la música y los paisajes que antes lo alegraban ya no parecían tener el mismo sabor.

Hoy sabemos que las experiencias de guerra y prisión pueden herir el cuerpo y también la memoria. No podemos diagnosticar con certeza a alguien que vivió hace más de ochocientos años. Pero podemos tratar su sufrimiento con respeto. Francisco había visto y vivido cosas capaces de conmocionar a cualquier persona.

El sueño de ser caballero todavía no había desaparecido por completo. Más tarde intentaría partir otra vez. Pero ya había surgido una grieta en la imagen brillante que había construido.

Y, algunas veces, la luz consigue entrar por una grieta.

Lo que la derrota comenzó a enseñar

Francisco quería que el mundo conociera su nombre. La vida comenzó a hacerle otra pregunta: ¿qué clase de persona representaría ese nombre?

Tal vez ser grande no consistiera en vencer a alguien. Tal vez consistiera en permanecer humano cuando el miedo ordenaba endurecer el corazón.

Todavía tardaría en comprenderlo. El cambio de una vida rara vez ocurre en un solo instante. Primero, ciertas respuestas dejan de funcionar. Después, nace el valor para buscar respuestas nuevas.

El mapa escondido en este capítulo

Dos ideas de grandeza.

Giovanni solo veía el camino iluminado por las canciones. Toca el estandarte para revelar el camino que Francisco todavía aprendería a recorrer.

I

El camino que imaginaba

Ser visto
Vencer
Recibir un título

El brillo muestra un camino. La verdad muestra adónde conduce.


Nota histórica: la derrota de Asís, la captura de Francisco y su prisión en Perugia aparecen en las primeras biografías franciscanas. La duración exacta de algunos acontecimientos y los detalles de la batalla varían entre los relatos. Este capítulo evita convertir posibilidades en certezas.