Cuando los ojos casi no veían
Cerca del final de su vida, Francisco estaba muy enfermo. Le dolían los ojos y la luz podía molestarlo. Según algunos relatos, ya casi no podía ver.
Clara y las hermanas de San Damián ayudaban a cuidarlo. Prepararon un refugio sencillo de esteras para que pudiera descansar. El lugar no era cómodo. Había ratones, noches largas y dolores que le impedían dormir.
Es difícil imaginar que una de las canciones más luminosas de la historia naciera durante ese período.
Francisco no escribió el Cántico de las criaturas después de un día perfecto, sentado ante un paisaje sin problemas. La tradición sitúa su composición después de una noche de gran sufrimiento, cuando recibió la certeza interior de que su vida estaba guardada en Dios.
Al amanecer, el dolor no había desaparecido mágicamente. Pero algo dentro de él encontró espacio para cantar.
Ese detalle lo cambia todo.
Su alabanza no era una distracción. Era resistencia. Francisco no negó la oscuridad; descubrió que esta no podía borrar todas las razones para agradecer.
Una canción en la lengua del pueblo
Muchos textos importantes de la Iglesia medieval se escribían en latín. Francisco compuso el Cántico en una forma antigua de la lengua hablada en Umbría, cercana al italiano que surgiría después.
Era la lengua de las calles, las familias, el trabajo y las canciones populares.
Eso concordaba con él. Francisco deseaba que el mensaje pudiera caminar. Los frailes debían cantar el Cántico y después anunciar la paz.
El poema comienza poniendo a Dios en el centro. Francisco no adora al sol, al agua ni al fuego. Alaba al Creador con, por medio de o a causa de sus criaturas: la pequeña palabra original admite más de una traducción.
Las criaturas se convierten en compañeras de alabanza.
No están allí como objetos que Francisco posee. Reciben nombres de familia.
Hermano Sol
El sol es llamado hermano. Trae el día, calienta la tierra y permite que aparezcan los colores.
Francisco lo describe como bello, radiante y lleno de esplendor. Pero el sol no es el dueño del mundo. Su luz señala una luz mayor.
Llamarlo hermano cambia nuestra posición. Un hermano no es una herramienta que pueda usarse y desecharse sin límites. Tiene una relación con nosotros.
Esto no significa que el sol y los seres humanos sean iguales en todo. Significa que no somos extranjeros en nuestro planeta. Venimos del mismo Creador y dependemos de una red que no hicimos solos.
Puedes pasar un día entero sin comprar nada. No puedes vivir sin la energía que llega del sol, sin aire y sin agua.
Lo más valioso no siempre tiene una etiqueta con precio.
Hermana Luna y las estrellas
Después del sol, el poema mira hacia la noche. La luna y las estrellas son claras, preciosas y bellas.
Francisco no excluye la oscuridad de su canción. Encuentra en ella otras clases de luz.
Tal vez esto revele algo sobre aquel momento de su vida. Sus ojos estaban perdiendo la capacidad de ver, pero su atención espiritual parecía percibir relaciones cada vez más amplias.
Hay días en que nuestra luz será fuerte como el sol. En otros, solo conseguiremos ofrecer un pequeño punto, como una estrella distante.
Ambos pueden orientar a alguien.
No necesitamos esperar a estar radiantes para hacer el bien. Un mensaje, una escucha o una petición de perdón puede ser la estrella posible en aquella noche.
Hermano Viento
El viento no puede sostenerse en la mano. Sabemos que llegó cuando se mueve una hoja, viaja una nube o la piel siente que cambia el aire.
En el Cántico, Francisco incluye el viento, el aire, las nubes, el cielo sereno y toda clase de tiempo.
No alaba solamente el clima que le gusta. Reconoce que la vida es sostenida por cambios que no controla.
Eso es muy franciscano. El joven Giovanni quería dirigir su propia historia hasta la gloria. El anciano Francisco había aprendido a recibir días despejados y días nublados sin creer que todo existía para obedecer sus planes.
Aceptar que no controlamos el viento no significa quedarse quieto. Significa ajustar la vela sin imaginar que somos dueños del mar.
Hermana Agua
Francisco llama al agua útil, humilde, preciosa y pura.
“Humilde” es una palabra sorprendente para el agua. Busca los lugares bajos. Se adapta al recipiente. Sirve sin hacer ruido. Una gota parece pequeña, pero muchas gotas alimentan ríos, lavan heridas y sostienen ciudades.
La humildad del agua no es debilidad. Es una fuerza que da vida.
Hoy sabemos aún con mayor claridad que el agua debe protegerse. Hay personas sin acceso seguro a ella. Los ríos reciben basura y veneno. El Cántico no ofrece una lista moderna de políticas ambientales, pero educa el corazón sin el cual ninguna política perdura: el corazón que reconoce el agua como hermana preciosa y no como algo infinito a nuestra disposición.
No desperdiciar agua puede ser una forma de oración hecha con las manos.
Hermano Fuego
El fuego ilumina la noche. Francisco lo llama bello, alegre, fuerte y vigoroso.
Conocía su calor en las noches frías y su luz en las iglesias pequeñas. También sabía que el fuego exige cuidado. La misma llama que calienta puede quemar.
Toda fuerza humana posee algo de esa ambigüedad. Nuestra voz puede defender o humillar. Nuestra inteligencia puede resolver un problema o engañar a alguien. Nuestra valentía puede proteger o dominar.
El Cántico enseña a agradecer la fuerza sin convertirla en permiso para herir.
El fuego se vuelve hermano cuando su energía está al servicio de la vida.
Hermana y Madre Tierra
La tierra es hermana porque pertenece a la misma familia. También es madre porque sostiene, gobierna y produce frutos, flores y hierbas.
Francisco no la mira solamente como escenario. El suelo alimenta. La semilla desaparece en él y regresa transformada. Incluso nuestro cuerpo depende de elementos que vinieron de la tierra.
Llamarla madre no es una explicación científica. Es un lenguaje de gratitud y responsabilidad.
Nadie pone basura en la mesa de su propia madre y llama amor a eso. Nadie destruye la casa de los hermanos y dice que no es su problema.
El cuidado de la creación no es un adorno añadido a la vida de Francisco siglos después. Brota de una manera de percibir: todo está relacionado, todo se ha recibido y ninguna criatura existe solo para alimentar nuestra codicia.
La estrofa del perdón
El Cántico creció junto con los acontecimientos.
Había un conflicto grave entre el obispo y el gobernante de Asís. Francisco añadió una estrofa sobre quienes perdonan por amor de Dios y soportan debilidad y dificultad en paz.
Después, envió frailes para cantar ante los dos hombres. La tradición afirma que se reconciliaron.
Esto revela que la armonía del poema no era ingenua. Francisco veía la belleza del sol, pero también veía las disputas humanas. Para él, alabar la creación y construir la paz formaban parte de la misma canción.
No sirve llamar hermano al viento mientras tratamos a una persona como un enemigo que no merece dignidad.
La paz con la Tierra y la paz entre seres humanos deben caminar juntas.
La estrofa más difícil
Cuando comprendió que se acercaba la muerte, Francisco añadió la alabanza por la Hermana Muerte corporal.
No decía que perder a alguien fuera fácil. No enseñaba que debamos apresurar la muerte ni dejar de cuidar la salud. Sus compañeros lloraron. La muerte sigue siendo separación y misterio.
Al llamarla hermana, Francisco se negó a tratarla como dueña absoluta. Para su fe, era un paso que también pertenecía a la gran familia de cosas que no controlamos.
El Cántico comenzó entre la enfermedad y la oscuridad. Terminó siendo capaz de mirar el límite final sin abandonar la alabanza.
Es una canción completa porque no borra las partes difíciles de la vida.
Lo que nos enseña el Cántico
Francisco no necesitaba ver perfectamente para prestar atención. Escuchó el viento. Sintió el calor. Recordó el agua. Reconoció la tierra bajo su cuerpo.
Nosotros vemos muchas imágenes todos los días y, aun así, podemos no mirar de verdad nada.
El Cántico nos invita a recuperar la atención. No para convertir la naturaleza en decoración, sino para descubrir parentesco, límite y gratitud.
Una criatura no necesita ser rara para ser preciosa. El agua del vaso, el árbol de la calle y el aire que entra por la ventana ya participan en el milagro cotidiano de estar vivos.
Quien aprende a decir “hermano” y “hermana” comienza también a preguntar: ¿cómo puedo cuidar?
El coro de la creación
Escucha al mundo entrar en la canción.
El sol, el agua, el viento, el fuego y la tierra no son un fondo silencioso. Cada criatura ofrece una forma de agradecer y una petición de cuidado.
El primer sonido comienza cuando prestas atención.
Para quienes desean profundizar
Fuentes de este capítulo
- Laudato si’Presenta el texto del Cántico y desarrolla su visión de una creación relacionada y confiada al cuidado humano.
- Commission on the Franciscan Intellectual-Spiritual Tradition — Vida litúrgicaSitúa la composición del Cántico cerca del final de su vida, durante la enfermedad y la pérdida de la visión.
- Discurso sobre el Cántico y el cuidado de la creaciónResume la tradición de la noche de sufrimiento y la transformación del dolor en alabanza y compromiso.
El Cántico es un escrito auténtico de Francisco en lengua umbra. La tradición biográfica ayuda a situar sus etapas de composición, pero las fechas y circunstancias exactas pueden variar en las reconstrucciones históricas.
Nota histórica: la parte principal del Cántico suele fecharse en 1225, cerca de San Damián. La estrofa del perdón habría sido añadida durante un conflicto en Asís, y la estrofa sobre la muerte, en los últimos días de 1226. El título también aparece traducido como Cántico del Hermano Sol o Cántico de las criaturas.

