Francisco y fray Iluminado se acercan desarmados al sultán al-Malik al-Kamil cerca de Damieta
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La vida de san Francisco de Asís · Capítulo XI

Ante el sultán

En medio de la Quinta Cruzada, Francisco atravesó las líneas de una guerra y llegó desarmado ante el sultán al-Malik al-Kamil.

El ruido de una nueva guerra

Francisco conocía la guerra desde antes de vestir un hábito pobre. Había luchado entre Asís y Perugia, había sido capturado y había pasado cerca de un año en prisión. El recuerdo de la violencia formaba parte de su historia.

Años después, otra guerra reunió ejércitos mucho mayores en Egipto.

Era la Quinta Cruzada. Fuerzas cristianas de Europa intentaban conquistar Damieta, una ciudad estratégica cerca de la desembocadura del río Nilo. Del otro lado estaba el ejército ayubí comandado por el sultán al-Malik al-Kamil.

Las Cruzadas mezclaban fe, política, comercio, territorio y deseo de poder. A cristianos y musulmanes se les enseñaba a ver al otro bando como enemigo. Alrededor de Damieta había armas, hambre, enfermedad y miedo.

Francisco viajó a ese lugar en 1219.

¿Por qué fue Francisco?

Las antiguas fuentes franciscanas afirman que Francisco deseaba anunciar su fe y que aceptaba incluso el riesgo del martirio. Autores modernos también ven en su viaje un impulso de paz. No podemos atribuirle una intención única como si hubiéramos leído su diario.

Tal vez el anuncio, el deseo de encuentro y la valentía ante el peligro estuvieran unidos de una manera que hoy no podemos separar.

Lo que sabemos es extraordinario por sí mismo: Francisco no viajó a Egipto como soldado. No llevaba espada. Cruzó el mar como fraile.

Con él estaban otros compañeros. Cuando decidió cruzar las líneas entre los ejércitos, fue acompañado por fray Iluminado.

Dos hombres desarmados caminarían por un espacio donde casi cualquier desconocido podía ser tratado como una amenaza.

El intento de impedir la batalla

Una biografía escrita por Tomás de Celano cuenta que Francisco intentó advertir a los combatientes cristianos antes de un ataque. Según el relato, comprendió que la ofensiva terminaría mal.

Los líderes no lo escucharon. El combate causó muchas pérdidas.

No sabemos exactamente lo que Francisco vio o dijo. Pero la escena concuerda con algo que había aprendido desde su juventud: una batalla nunca es tan limpia como los discursos pronunciados antes de ella.

En el campamento, hablar de paz podía parecer una debilidad. Cada bando cargaba razones, miedos y heridas. Cuando todos esperan que la valentía produzca un ataque, es difícil reconocer la valentía que intenta detenerlo.

Francisco eligió atravesar.

Entre dos campamentos

Él e Iluminado dejaron el lado cristiano y avanzaron hacia las posiciones musulmanas. Es probable que los soldados los detuvieran y maltrataran antes de que explicaran que deseaban hablar con el sultán.

No caminaron por un puente dorado. Caminaron sobre una tierra marcada por la guerra.

Imagina el momento: detrás de ellos, estandartes cristianos. Delante, guardias ayubíes. Alrededor, lenguas que quizá no comprendían por completo. Cualquier gesto equivocado podía interpretarse como una amenaza.

No tenían forma de obligar a nadie a recibirlos.

Al-Malik al-Kamil decidió recibirlos.

El sultán no era solo una figura al fondo de la historia de Francisco. Era un gobernante real, musulmán, con sus responsabilidades políticas y su propia vida de fe. Durante la Cruzada, había propuesto acuerdos de paz que incluían importantes concesiones territoriales, pero los dirigentes cristianos los rechazaron.

Reducirlo al papel de “hombre que escuchó a Francisco” sería perder la mitad del encuentro.

¿Qué se dijeron?

Esta es la parte en la que debemos respetar el silencio de la historia.

Las fuentes cristianas afirman que Francisco habló de su fe. Algunas añaden debates, desafíos y milagros. Los relatos más tardíos hacen que la escena sea cada vez más dramática. No tenemos una transcripción de la conversación. Las fuentes musulmanas cercanas al período no identifican con claridad a Francisco, aunque hay indicios de la presencia de religiosos cristianos en la corte del sultán.

Por lo tanto, no conocemos las frases exactas.

Sabemos que el encuentro duró lo suficiente para causar una impresión. Sabemos que Francisco e Iluminado salieron con vida. Algunas fuentes dicen que el sultán ofreció regalos, que Francisco no aceptó para sí. También sabemos que ninguno de los dos abandonó su religión.

Eso puede parecer menos espectacular que una historia de victoria. En realidad, es más humano.

Un cristiano pobre habló de su fe. Un gobernante musulmán lo escuchó. Hubo diferencia sin masacre, convicción sin espada y hospitalidad donde la guerra esperaba producir solamente enemigos.

Encontrarse no es fingir que todas las diferencias han desaparecido. Es negarse a que la diferencia convierta a una persona en una cosa.

El sultán que también buscaba la paz

Al-Kamil gobernaba en una situación difícil. Su poder estaba amenazado por la invasión, las disputas políticas y el riesgo de perder Damieta. Aun así, intentó negociar.

En distintos momentos, ofreció a los cruzados la devolución de Jerusalén y de otros territorios a cambio de que se retiraran de Egipto. Los responsables de la Cruzada rechazaron propuestas que podrían haber evitado muertes.

Esto no convierte al sultán en un personaje perfecto. Los gobernantes medievales tomaban decisiones dentro de mundos violentos. Pero nos impide repetir una imagen injusta: la de un bando enteramente humano frente a otro sin rostro.

Al-Kamil tenía rostro, familia, fe, inteligencia y el deseo de proteger a su pueblo. Francisco encontró a alguien, no a una categoría.

Tal vez ese haya sido uno de los mayores acontecimientos de aquella travesía.

Sin vencedor ante la tienda

Las pinturas antiguas a veces presentan el encuentro como un duelo religioso. En algunas, Francisco enfrenta una prueba de fuego. Esa escena aparece en fuentes posteriores y su historicidad es muy discutida.

Aquí elegimos otra imagen: dos personas separadas por la guerra y unidas por un instante de escucha.

Francisco no derrotó a al-Kamil. Al-Kamil no capturó a Francisco. El encuentro no puso fin a la Cruzada. Damieta aún caería y continuarían nuevos sufrimientos.

Entonces, ¿fracasó?

No toda semilla logra detener una tormenta el día en que se planta. El gesto atravesó ocho siglos y sigue preguntando si la fe tiene que producir hostilidad.

Francisco regresó de Egipto con una experiencia que quizá profundizó su manera de pensar la misión. En la Regla no bulada de 1221 aparece una orientación sorprendente para los hermanos que fueran entre musulmanes y otros no cristianos.

Una forma de estar entre ellos sería no crear disputas, permanecer sujetos a toda criatura por amor de Dios y dar testimonio de que eran cristianos. Solo después, cuando comprendieran que agradaba a Dios, podrían anunciar su fe de manera más directa.

Presencia antes que discusión. Humildad antes que victoria.

La paz no es un escenario tranquilo

A veces imaginamos a la persona pacífica sentada lejos de cualquier conflicto. Francisco caminó hacia el interior del conflicto.

La paz no consiste en ignorar las injusticias ni pedir silencio a quien sufre. Tampoco consiste en estar de acuerdo con todo. Consiste en buscar un camino que proteja la dignidad incluso cuando es necesario decir la verdad.

El encuentro de Damieta no ofrece una fórmula preparada para todas las guerras. Ofrece una actitud: acercarse sin armas, escuchar sin borrar la propia identidad y descubrir que el otro tiene una historia más amplia de lo que nuestros miedos nos dijeron.

Es un gesto difícil en la escuela, en la familia, en internet y entre los pueblos.

Cuando llamamos a alguien solamente “enemigo”, dejamos de hacer preguntas. Cuando conocemos su nombre, su dolor y su esperanza, comienza a existir un puente.

Lo que nos enseña Damieta

Francisco atravesó una frontera visible entre dos ejércitos. Nosotros atravesamos fronteras menores todos los días.

Está la persona con quien no estamos de acuerdo. El compañero que pertenece a otro grupo. La religión que no conocemos. La familia que aprendió costumbres diferentes. La opinión que nos asusta incluso antes de escucharla.

El primer paso no tiene que ser ganar una discusión. Puede ser preguntar con sinceridad: ¿cómo ves esto?

Escuchar no te obliga a abandonar tus convicciones. Solo te obliga a recordar que hay una persona delante de ellas.

En Damieta, las armas continuaron rodeando el horizonte. Pero, durante un tiempo, dentro de una tienda, la guerra no lo decidió todo.

El puente que ninguna arma construye

Cruza sin herir.

Entre Francisco y al-Kamil había ejércitos, lenguas y creencias diferentes. Un encuentro comenzó cuando la valentía dejó la espada en el suelo.

Las dos orillas aún se observan a través del miedo.

Para quienes desean profundizar

Fuentes de este capítulo

  1. Ancient Model for Modern Dialogue — Orden de Hermanos MenoresExamina el encuentro de 1219, las tradiciones cristianas y el límite de las fuentes musulmanas disponibles.
  2. Carta por los 800 años del encuentroReflexión oficial franciscana sobre diálogo, testimonio y respeto entre cristianos y musulmanes.
  3. Discurso del papa Francisco en MarruecosPresenta el encuentro como signo de valentía, amistad y camino de paz.
  4. St. Francis and the Sultan, 1219–2019Cuaderno histórico de la Orden con estudios sobre al-Kamil, la Quinta Cruzada y la memoria del encuentro.

No hay una transcripción de la conversación entre Francisco y al-Kamil. Se debaten los detalles dramáticos presentes en biografías tardías. El capítulo conserva el núcleo históricamente seguro e identifica como interpretación aquello que no puede confirmarse.


Nota histórica: Francisco y fray Iluminado se encontraron con al-Malik al-Kamil cerca de Damieta en 1219, durante la Quinta Cruzada. El encuentro está atestiguado por distintas fuentes cristianas; su interpretación cambió a lo largo de los siglos. Ninguna fuente confiable afirma que el sultán se convirtiera, y esta página no lo sugiere.