Un sello de plomo es pequeño, pesado y frío. Sujetado con cordones a un pergamino, indicaba que aquellas palabras no eran solo un consejo particular. Habían recibido la autoridad de un papa.
El 29 de noviembre de 1223, Honorio III publicó la bula Solet annuere y confirmó la Regla de los Hermanos Menores. Por eso el texto se llama Regla bulada. No porque esté «lleno de bulas», sino porque llegó acompañado de la bulla, el sello oficial.
El documento original todavía se conserva en Asís, en el Sacro Convento. Es una cercanía poco común: ante él, no estamos solo frente a una copia tardía, sino ante el pergamino medieval vinculado al acto de aprobación.
La Regla tiene doce capítulos. Es mucho más breve que la Regla no bulada de 1221. Sus frases están organizadas de manera más sistemática para orientar a una Orden que ya se extendía por distintos países. Pero el comienzo conserva íntegro su corazón: observar el santo Evangelio de Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad.
Lo que había antes de 1223
La Regla no comenzó aquel noviembre. En el Testamento, Francisco recuerda una forma sencilla y breve presentada al papa cuando los primeros hermanos eran pocos. Después, las orientaciones y decisiones fueron aumentando hasta llegar a la extensa Regla no bulada, concluida en 1221.
En solo dos años surgió el texto más compacto de 1223. No contamos con un diario que registre cada etapa de la revisión. Las primeras biografías relatan que Francisco buscó un lugar de retiro para redactar la Regla y mencionan la colaboración del cardenal Hugolino, protector de la fraternidad y futuro Gregorio IX. Los especialistas debaten cuánto provino directamente de Francisco, cuánto nació de las reuniones de los hermanos y cuánto recibió la ayuda de expertos cercanos al papa.
Es posible llegar a una conclusión equilibrada: la Regla es verdaderamente franciscana y fue recibida como la norma de vida de Francisco y de su fraternidad. Al mismo tiempo, fue preparada y aprobada con la ayuda de otras personas; no nació de un hombre que escribía solo.
La tradición vincula su redacción con Fonte Colombo, en el valle de Rieti. El santuario conserva esa memoria. Sin embargo, los detalles narrativos proceden de relatos compuestos posteriormente. Deben considerarse tradición, no actas de una reunión.
Quién puede entrar
El segundo capítulo trata de los candidatos. Los ministros deben examinar su fe católica y su situación familiar. Quienes pudieran disponer de sus bienes debían venderlos y procurar distribuirlos entre los pobres. Los hermanos no debían entrometerse en la manera de realizar la distribución.
Después de un período de prueba, el candidato recibiría el hábito y profesaría esta vida. La Regla declara que, después de la profesión, no le estaría permitido abandonar la fraternidad, de acuerdo con la palabra del Evangelio acerca de quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás.
Hoy los procesos de la vida religiosa siguen normas más desarrolladas, y la Iglesia cuenta con instrumentos jurídicos que no existían de esa forma en 1223. No debemos usar una frase medieval aislada para explicar toda la disciplina actual. En la Regla, esa frase muestra la seriedad de la promesa: entrar no significaba probarse una vestimenta diferente durante unos meses.
Francisco también advierte que los hermanos no deben despreciar a quien usa ropa vistosa o come alimentos delicados. El hábito pobre no autoriza a juzgar el corazón del prójimo.
Pies en el camino y palabras breves
Los hermanos clérigos rezarían el oficio divino según la práctica de la Iglesia romana; los laicos rezarían una cantidad establecida de padrenuestros. Ayunarían en determinados períodos. Al ir por el mundo, no debían discutir, juzgar a los demás ni responder con dureza. Debían ser mansos, pacíficos, modestos y humildes.
Cuando entraran en una casa, primero desearían la paz. Y podrían comer los alimentos que les ofrecieran.
Estas orientaciones parecen sencillas, pero eran importantes para los religiosos itinerantes. Un fraile que llegaba a una aldea podía ser confundido con un predicador sospechoso, un mendigo o un agitador. Su conducta anunciaba antes que sus palabras.
En cuanto a la predicación, ningún hermano debía predicar contra las normas y disposiciones de la Iglesia ni sin licencia de su ministro. Los sermones debían ser examinados, breves y útiles. La Regla no ofrece discursos preparados. Pide palabras capaces de conducir a la virtud y a la penitencia.
Trabajo sin posesiones
El capítulo 5 ordena que los hermanos a quienes el Señor ha concedido la gracia de trabajar lo hagan con fidelidad y devoción, de modo que el trabajo no apague el espíritu de oración y que la oración no sirva de excusa para abandonar el trabajo.
Podían recibir lo necesario como pago, pero no monedas ni dinero. La frase intenta sostener dos bienes al mismo tiempo: el hermano no vive ocioso y tampoco acumula seguridad económica.
Es fácil admirar esto desde lejos. En la práctica, una Orden en crecimiento necesitaba comprar, construir, estudiar y viajar. La Regla expone el ideal con claridad; las interpretaciones jurídicas posteriores intentarían organizar el uso de las cosas sin poseerlas de manera individual o comunitaria.
La discusión no demuestra que Francisco haya sido derrotado mientras aún vivía. Muestra que una promesa absoluta entra en situaciones llenas de detalles. El texto no responde todas las preguntas futuras, pero establece la dirección.
«Nada propio»
El capítulo 6 contiene quizá el pasaje más conocido. Los hermanos no deben apropiarse de casa, lugar ni cosa alguna. Como peregrinos y extranjeros, sirvan al Señor en pobreza y humildad y pidan limosna con confianza, sin avergonzarse, pues Cristo se hizo pobre.
Inmediatamente después viene la fraternidad: dondequiera que estén, muéstrense familiares unos con otros. Un hermano puede manifestar su necesidad; el otro debe cuidar de él. Si una madre ama y alimenta a su hijo, cuánto más debe un hermano amar a su compañero espiritual.
La pobreza no queda sola. Sin fraternidad, «no poseer nada» podría convertirse en abandono. La Regla pone el cuidado junto al desprendimiento.
Cuando alguien enferma, los demás deben servirlo. El hermano no es un problema logístico. Es parte de la promesa.
La penitencia que no nace de la ira
Si un hermano comete un pecado grave, la Regla establece que acuda a los ministros y reciba orientación. Los ministros deben evitar la ira y la perturbación, porque estas reacciones impiden la caridad en ellos mismos y en los demás.
La expresión también aparece en otros escritos franciscanos. Francisco sabe que una autoridad puede aprovechar el error de alguien para sentirse justa. No elimina la responsabilidad; intenta impedir que la disciplina sea gobernada por el orgullo de quien corrige.
El texto también prohíbe a los hermanos calumniar, discutir y juzgar. La fraternidad no debía convertir el rumor en una forma de gobierno.
Esto es tan medieval como actual. Una comunidad puede poseer una regla perfecta y quedar destruida por palabras lanzadas en los pasillos.
Ministros, capítulos y sucesión
Una Orden internacional necesita saber quién cuida de quién. La Regla dispone la elección de un ministro general y permite que los ministros provinciales elijan a otro si consideran que el elegido no sirve al bien común.
También ordena que los ministros se reúnan en capítulo junto a la iglesia de Santa María de la Porciúncula. Las reuniones periódicas mantenían unidas regiones distantes en una época sin comunicación rápida.
El texto conserva una hermosa tensión: existe una autoridad real, pero al ministro se lo llama servidor. Puede ser sustituido. El gobierno no se convierte en propiedad personal.
El capítulo 10 ordena que los ministros visiten y corrijan con humildad, sin imponer nada contrario al alma o a la Regla. A los hermanos les pide que deseen por encima de todo el Espíritu del Señor y su santa operación, que oren con un corazón puro y que tengan humildad, paciencia y amor incluso por quienes los persiguen.
En medio de una norma institucional, la prioridad vuelve a ser invisible: el Espíritu que actúa en el corazón.
Misión y obediencia a la Iglesia
Quien deseara ir entre musulmanes y otros no cristianos necesitaba licencia del ministro provincial, que debía evaluar su capacidad. La Regla de 1223 es más breve que la de 1221 y no repite las dos formas de presencia descritas anteriormente. La misión aparece ahora dentro de un proceso de envío.
En el último capítulo, el ministro general debe pedir al papa un cardenal protector para gobernar, corregir y proteger a la fraternidad. Los hermanos quieren permanecer sujetos a la Iglesia romana y firmes en la fe católica.
Esto puede parecer contradictorio con el deseo de Francisco de no buscar privilegios. Pero protección y privilegio no son exactamente lo mismo. La fraternidad necesitaba una relación estable con la Iglesia. Surgirían tensiones acerca de hasta dónde podía llegar esa protección.
No necesitamos resolver ocho siglos de debate en una frase. La propia Regla conserva ambos aspectos: hermanos menores sin nada propio y una Orden reconocida, enviada y protegida.
El pergamino que sobrevivió
La bula comienza con una fórmula papal e incluye la Regla. Su nombre, Solet annuere, procede de las primeras palabras en latín, como era costumbre. El sello unido al documento confirmaba su autenticidad y autoridad.
El original conservado en Asís ha sido estudiado y digitalizado. Los proyectos de conservación permiten observar el pergamino, la escritura, los cordones y el sello sin convertir el objeto en una reliquia imaginaria. Es un documento jurídico y un testimonio material.
También existen numerosas copias medievales, pues cada fraternidad necesitaba conocer la Regla. Los copistas podían introducir pequeñas variantes, y las ediciones críticas comparan los testimonios. En este caso, el original ofrece un punto de referencia excepcional.
La escena de Francisco entregando personalmente un rollo al papa es una síntesis artística. Sabemos que Honorio III aprobó el texto y que Francisco estaba vivo. No contamos con la descripción de un testigo presencial de una ceremonia con esas posiciones, ese notario y esa sala.
El sello y las huellas
Una bula podría haber convertido a la fraternidad en una máquina preocupada solo por la obediencia externa. La Regla intenta impedirlo. Habla de ley, elección y licencia, pero sigue pidiendo paz, trabajo, cuidado de los enfermos y deseo del Espíritu.
El sello no hace fácil la vida. Hace pública la promesa.
Después de 1223, los frailes siguieron discrepando sobre la pobreza, las casas, los libros y el dinero. Los papas interpretaron pasajes. Algunos grupos discutieron hasta separarse. Nada de esto borra el momento en que una fraternidad de pies descalzos recibió una forma reconocida para atravesar el tiempo.
El plomo permaneció unido al pergamino. Pero la Regla nunca quiso que el corazón fuera de plomo. Su centro siguió siendo ligero y exigente: vivir el Evangelio como hermanos menores.
El pergamino sellado
Fuentes de este manuscrito
- Francisco de Asís y la Regula Bullata — ScriniumDocumento y conservación. Presenta el original conservado en el Sacro Convento y el proyecto de estudio material.
- Felice Accrocca — «Francisco y la confirmación del señor Papa», L’Osservatore RomanoEstudio vaticano. Sitúa la confirmación de Honorio III y el texto de Solet annuere.
- Regla bulada — Capuchinos de Rio Grande del SurTexto en portugués. Presenta el original conservado y conduce a los doce capítulos.
- Celebración de la Regla 1223–2023 — Orden de Hermanos MenoresLectura oficial franciscana. Sitúa la Regla como forma comunitaria de vivir el Evangelio.
- Blastic, Hammond y Hellmann — Los escritos de san Francisco de AsísEstudio textual. Examina la Regla posterior en relación con la anterior, su autoría y su transmisión.
- Felipe Augusto Ribeiro — La construcción de la norma en el movimiento franciscano, USPInvestigación académica en portugués. Analiza la transformación de la forma evangélica en norma religiosa y jurídica.
Cómo leemos este capítulo: la fecha, el papa que confirmó la Regla, el texto y la existencia del original son hechos documentados. El proceso exacto de redacción y la participación de cada colaborador no pueden medirse con precisión. Fonte Colombo pertenece a la tradición antigua sobre la composición. La ceremonia representada es una síntesis visual, no la reconstrucción del relato de un testigo presencial.

