Francisco, enfermo, descansa bajo un refugio pobre junto a San Damián mientras unos hermanos cantan entre agua, fuego, un olivo, aves y la primera luz
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Libro V · Los escritos · Manuscrito 12

El Cántico de las criaturas

Casi ciego y muy enfermo, Francisco canta en la lengua del pueblo: sol, agua, fuego, tierra, perdón y muerte se vuelven hermanos en una misma casa.

El Cántico nació, según una tradición muy antigua, no en una mañana apacible, sino cerca de la oscuridad.

Francisco estaba gravemente enfermo en San Damián. Le dolían los ojos; la luz podía lastimarlo. Una fuente franciscana cercana cuenta que pasó semanas en una pequeña choza o celda, atormentado también por ratas. El relato describe sufrimiento y, en medio de él, la certeza de que Dios no lo había abandonado.

Entonces llegó el canto.

No en latín, la lengua de los libros, la liturgia y los estudiosos. Francisco compuso en su lengua vernácula umbra, el habla del pueblo de su región. El comienzo aún resuena a través de ocho siglos: Altissimu, onnipotente, bon Signore. Altísimo, todopoderoso y buen Señor.

Después, el universo doméstico se abre: hermano Sol, hermana Luna, hermano Viento, hermana Agua, hermano Fuego, hermana y madre Tierra. Más adelante aparecen quienes perdonan, quienes soportan enfermedad y tribulación y, finalmente, la hermana Muerte corporal.

No es una lista alegre que se olvidó del dolor. Es una alabanza que aprendió a cantar dentro de él.

Uno de los comienzos de la literatura italiana

A veces se dice que el Cántico es «el primer texto en italiano». La afirmación es demasiado tajante si no va acompañada de cautela. Existen textos vernáculos anteriores o de fecha discutida, e «italiano» aún era un conjunto de hablas regionales, no una lengua estandarizada.

Es más seguro decir: el Cántico es una de las obras fundamentales más antiguas de la literatura italiana y uno de los primeros grandes textos vernáculos con autor conocido. Su importancia lingüística es inmensa.

El manuscrito más antiguo que lo conserva es el códice de Asís 338, del siglo XIII. En los folios 33 y 34, el copista registró el poema. Encima del comienzo, dejó espacio para la notación musical. Las líneas destinadas a la melodía quedaron vacías.

Ese silencio en el pergamino es una pérdida fascinante. Las fuentes dicen que había canto; el códice preparó un lugar para él; pero la música original no llegó escrita hasta nosotros. Las melodías actuales son creaciones posteriores. Cuando alguien canta hoy, continúa la historia sin poder reconstruir con certeza el sonido que escuchó Francisco.

¿Alabado «por», «a través de» o «con» las criaturas?

Cada estrofa repite una expresión umbra semejante a Laudato si’, mi Signore, per… La pequeña palabra per admite más de un matiz. Dios puede ser alabado por causa de sus criaturas, a través de ellas o con ellas.

Las traducciones tienen que elegir, y ninguna elección contiene por sí sola toda la riqueza. Francisco no le reza al Sol, a la Luna ni a la Tierra. La alabanza se dirige al Altísimo. Las criaturas no son dioses. Son parientes porque proceden del mismo Creador.

Llamar hermano al Sol no significa que el Sol sea humano. Significa que no es propiedad absoluta nuestra. El agua es hermana antes de ser mercancía. La Tierra es hermana y madre: está a nuestro lado como criatura y nos sustenta con frutos y flores.

Esta doble relación evita dos errores. El primero sería adorar la naturaleza. El segundo sería tratarla como un depósito sin valor propio. Francisco reconoce una familia creada, orientada hacia Dios.

El Sol, la Luna y el viento real

El Sol es bello, radiante y lleva el signo de aquel que es Altísimo. La Luna y las estrellas aparecen claras, preciosas y bellas. El viento, el aire, las nubes, el cielo sereno y toda clase de clima sostienen a las criaturas.

El poema no elige solamente un día perfecto. Incluye nubes y diferentes condiciones del aire. La creación no es un escenario pintado para nuestro placer. Tiene ritmos que no controlamos.

El Agua es útil, humilde, preciosa y casta. Cuatro palabras transforman algo cotidiano en maestra. Útil: sirve a la vida. Humilde: desciende y toma la forma del recipiente. Preciosa: no puede ser sustituida. Casta: limpia y transparente.

El Fuego es bello, alegre, robusto y fuerte. Ilumina la noche. Francisco conoce su peligro —las ciudades medievales temían los incendios—, pero la estrofa contempla el servicio de la llama. La luz doméstica vence un poco la oscuridad.

La Tierra produce frutos, flores de colores y hierbas. No solo es llamada madre, como si estuviera por encima de nosotros; es hermana. Esta combinación evita convertir la Tierra en una divinidad y evita reducirla a una cosa.

La familia que no poseemos

Hermanos antes que recursos

El Cántico cambia los nombres antes de cambiar las acciones. Cuando el agua, el fuego, la tierra y el viento son recibidos como parientes, se vuelve más difícil usarlos sin gratitud o destruirlos por descuido.

¿Un poema escrito en etapas?

La Compilación de Asís, colección de recuerdos vinculados a los compañeros, presenta una historia en tres momentos. Primero habrían nacido las alabanzas de las criaturas en San Damián. Después, ante un conflicto entre el obispo y el podestá de Asís, Francisco habría añadido la estrofa sobre quienes perdonan y soportan tribulaciones. Por último, al acercarse la muerte, habría añadido la estrofa sobre la hermana Muerte corporal.

Esta explicación es antigua y concuerda bien con el cambio de tema en el poema. Pero debemos distinguir los niveles de certeza. El texto del Cántico es auténticamente franciscano y su transmisión es sólida. El relato detallado de las etapas procede de una fuente memorialística, redactada y transmitida por otros. No es una nota de Francisco que indique las fechas de cada estrofa.

Aun así, la tradición contiene una verdad literaria visible: el poema no se detiene en los elementos naturales. Avanza hacia las relaciones humanas heridas y hacia la muerte. La creación reconciliada incluye la ciudad.

Cuando Asís no estaba en paz

El obispo y el gobernante civil de Asís habrían entrado en un grave conflicto. La ciudad medieval conocía disputas entre poderes, familias y grupos. Francisco, ya enfermo, no podía resolverlo todo por la fuerza.

Según la Compilación, mandó a los hermanos cantar ante los adversarios y añadió la estrofa que alaba a Dios por quienes perdonan por su amor y soportan enfermedad y tribulación en paz.

La fuente relata una reconciliación conmovedora. No poseemos un acta municipal que registre el diálogo exactamente como fue narrado. Por eso recibimos el episodio como un antiguo recuerdo de la comunidad, plausible y significativo, pero no como una transcripción judicial.

El punto central permanece en el propio poema: no hay alabanza completa cuando el Sol es hermano, pero la persona de al lado sigue siendo tratada como enemiga absoluta. La ecología sin reconciliación humana quedaría incompleta. La paz humana que destruye la casa común también quedaría incompleta.

Perdonar no significa fingir que nada sucedió. La estrofa une el perdón con soportar la tribulación. La reconciliación puede costar. El Cántico no ofrece un método jurídico; ofrece una orientación espiritual.

La hermana que nadie desea encontrar

Cerca del final aparece la hermana Muerte corporal, de la cual ninguna persona viva puede escapar. Es la expresión más desconcertante del poema.

Francisco no llama buena a la muerte en todos los sentidos ni dice que sufrir sea agradable. Distingue la muerte corporal de la «segunda muerte», lenguaje bíblico para la separación definitiva de Dios. Hay una advertencia: felices aquellos a quienes la muerte encuentra en la voluntad divina; ay de quienes están presos en el pecado mortal.

Llamar hermana a la muerte es quitarle el poder de ser una extraña absoluta. Sigue siendo dolorosa. Según las fuentes, Francisco pidió que los hermanos cantaran cuando su propia vida se acercaba al final. El parentesco no elimina las lágrimas; sitúa el último tránsito dentro de la creación de Dios.

Un portal para jóvenes necesita decirlo con delicadeza. La estrofa no debe usarse para decirle a alguien que «no esté triste» cuando pierde a una persona. Francisco conoció el llanto y la enfermedad. Su alabanza no es falta de sentimiento. Es confianza atravesada por la fragilidad.

Lo que el manuscrito muestra y lo que no muestra

El códice 338 es una copia, no el autógrafo de Francisco. Sus grafías conservan características umbras muy antiguas. Otros manuscritos, como el Vaticano Latino 7650, presentan variantes y formas más cercanas a otras hablas.

Los filólogos comparan estos testimonios para reconstruir el texto. Una letra puede alterar la interpretación; la puntuación moderna también influye en la lectura. El poema medieval no llegó con todas las comas que vemos en las ediciones actuales.

El códice muestra el espacio vacío de la música, pero no prueba qué instrumento se utilizó, cuál era la melodía ni cuántas voces cantaban. Las biografías mencionan el deseo de que los hermanos fueran juglares del Señor, cantando y luego invitando a las personas a la conversión. La imagen es bella; los detalles de cada presentación no sobrevivieron.

También es una leyenda imaginar que Francisco escribió el Cántico solo bajo un árbol, exactamente como aparece en tantas pinturas. Estaba casi ciego y podía dictar. La tradición sitúa la composición cerca de San Damián; la escena debe permanecer humilde ante lo desconocido.

Un canto antiguo en el presente

El Cántico cobró nueva fuerza en el debate ecológico. La encíclica Laudato si’, del papa Francisco, toma de él su título y reconoce la Tierra como casa común. Este uso contemporáneo es legítimo, pero no debemos convertir el texto medieval en un manifiesto escrito con palabras del siglo XXI.

Francisco no conocía el cambio climático industrial, el plástico en los océanos ni la extinción causada por las máquinas modernas. Lo que ofrece es una visión espiritual anterior a estos problemas: ninguna criatura existe solamente para alimentar nuestro afán de posesión; la gratitud, el límite y la fraternidad forman parte de la relación con el mundo.

Su poema también evita una naturaleza sin personas. La enfermedad, el conflicto, el perdón y la muerte están dentro del Cántico. Cuidar la creación incluye el agua e incluye a quien sufre cerca de ella.

Al final, Francisco pide que todos alaben, bendigan, agradezcan y sirvan al Señor con gran humildad. El canto termina en servicio. La belleza que no cambia la manera de vivir sería solo un encantamiento pasajero.

Las antiguas notas musicales desaparecieron. Aun así, el Cántico sigue cantando porque su estructura es simple y respira. El Sol atraviesa la página; el agua desciende; el fuego calienta; la Tierra produce; los enemigos pueden perdonar; la muerte no queda fuera de la familia.

Y todo comienza en la voz de un hombre que casi no podía ver. El mundo visible se volvía doloroso para sus ojos, pero no dejó de ser recibido como don.

Voz, lengua y pergamino

Fuentes de este capítulo

  1. BeWeb — códice de Asís 338Testimonio manuscrito más antiguo. Ficha del volumen que conserva el Cántico en los folios 33r–34r.
  2. Edoardo Fumagalli — texto y facsímil del CánticoPresenta la página del códice 338, su transcripción y aspectos de la tradición textual.
  3. Davide Pettinari — texto y lengua de las Laudes creaturarumEstudio filológico. Examina el umbro medieval y los problemas de edición del poema.
  4. José Antonio Merino y estudios reunidos — el Cántico y la casa comúnArtículo académico de acceso abierto. Analiza la autoría, las fuentes antiguas, la lengua vernácula y la lectura teológica de las criaturas.
  5. Rodney Lokaj — el Cántico y el manuscrito de Asís 338Destaca el valor del testimonio umbro más antiguo y su relación con San Damián.
  6. Papa Francisco — encíclica Laudato si’Recepción contemporánea oficial. Retoma el Cántico como inspiración para el cuidado de la casa común.
  7. CapDox — escritos de san FranciscoEdición histórica de acceso abierto del texto, útil para compararla con la tradición editorial.

Cómo leer este capítulo: la autoría de Francisco, la lengua umbra y la transmisión en el códice 338 son firmes. La composición en etapas, la choza de San Damián y la reconciliación civil proceden de antiguos recuerdos franciscanos y se han identificado como tradición. No conocemos la melodía original ni la escena exacta de la composición. Los breves pasajes en español son una traducción pastoral propia.