Antes de comenzar, abre una ventana o acércate a algún signo de la naturaleza. Tal vez encuentres el cielo, un árbol, una maceta, agua en un vaso o el viento que mueve la cortina. No hay un lugar completamente ajeno a la creación. Nuestro cuerpo, el aire que respiramos y el suelo bajo nuestros pies ya forman parte de ella.
Francisco de Asís no miraba el mundo como un almacén de cosas. Llamaba hermanos y hermanas al sol, la luna, el agua y el fuego. Esto no significa que confundiera las criaturas con Dios. Al contrario: las recibía como dones del Creador e invitaba a cada una a participar en la alabanza.
El Cántico de las criaturas es alegre, pero no nació de una vida fácil. Francisco lo compuso cerca del final de su vida, cuando estaba muy enfermo y apenas soportaba la luz. Más tarde añadió versos sobre el perdón y la paz; próximo a morir, cantó también a la hermana Muerte corporal. Su alabanza no escondía el dolor. En medio de él descubrió una comunión mayor que el sufrimiento.
¿De dónde viene este camino?
El Cántico de las criaturas, también llamado Cántico del hermano Sol, es un texto auténtico de san Francisco. Fue escrito en la lengua popular de Umbría y no en el latín de muchos textos religiosos de su época. La Orden de los Frailes Menores lo incluye entre las oraciones de Francisco. En 2025 celebró sus ochocientos años y recordó que el canto abraza toda la creación, conduciendo hacia la reconciliación con Dios, con nuestros hermanos y hermanas y con el mundo creado.
Esta página no presenta una traducción completa del cántico. Las traducciones modernas implican decisiones propias y algunas pueden estar protegidas por derechos de autor. Ofrecemos, en cambio, un camino de oración y un texto original del Portal São Francisco, inspirado en los movimientos del cántico: alabar al Creador con las criaturas, agradecer, reconciliarse y cuidar.
El papa Francisco tomó las palabras iniciales del cántico como título de la encíclica Laudato si’. Explica que llamar hermana a la tierra no es romantizar la naturaleza. Todo está conectado: cuidar ríos, animales y bosques debe ir unido al cuidado de los pobres, las víctimas de violencia y las generaciones futuras.
Oración para unirse al coro de la creación
Altísimo y bondadoso Creador,
hoy me uno al canto de la creación.
Con el hermano Sol,
te agradezco la luz que despierta los caminos
y pido un corazón que también ilumine.
Con la hermana Luna y las estrellas,
te agradezco la belleza que no puedo poseer
y la noche que nos enseña a descansar.
Con el hermano Viento y todo el aire,
te agradezco cada respiración
y pido que cuidemos el cielo compartido.
Con la hermana Agua,
te agradezco la sed saciada,
la limpieza, la lluvia y los ríos.
Enséñame a no desperdiciar
lo que tantos todavía buscan.
Con el hermano Fuego,
te agradezco el calor y el valor,
y pido que mi fuerza nunca destruya.
Con nuestra hermana y Madre Tierra,
te agradezco el alimento,
las semillas, los frutos y los colores.
Haz de mis manos manos que cuidan,
nunca las de un dueño sin límites.
Con quienes perdonan por amor,
pido la paz que dice la verdad,
repara la herida
y pone fin a la venganza.
Con quienes sufren,
pido presencia y consuelo.
Con toda persona y toda criatura,
reconozco que no vivo solo.
Recibe mi alabanza
y convierte mi gratitud en cuidado.
Que te sirva con humildad
en la gran familia que creaste.
Amén.
Oración original del Portal São Francisco, inspirada en el movimiento espiritual del auténtico Cántico de las criaturas.
Cómo rezar con el Cántico de las criaturas
Elige una criatura cercana. No tiene que pertenecer a un paisaje magnífico: puede ser una hoja, una piedra, agua o tu propia respiración. Obsérvala durante un minuto sin fotografiarla ni intentar explicarla. Percibe su color, forma, movimiento, temperatura o sonido.
Hazte tres preguntas: ¿Qué recibo de esta criatura? ¿Qué me dice sobre la generosidad de Dios? ¿Qué cuidado necesita? El agua, por ejemplo, calma la sed, recuerda la vida recibida y pide no ser contaminada ni desperdiciada.
Lee la oración despacio. Después de cada parte, responde: “Alabado seas, mi Dios”. Esta breve respuesta sigue el movimiento del cántico sin reproducir por completo sus versos.
Al final, elige un acto posible de cuidado: usar solo el agua necesaria, evitar una compra desechable, tratar a un animal con respeto, separar residuos, caminar en vez de conducir cuando sea seguro o apoyar a alguien afectado por un problema ambiental. Si eres menor, invita a un adulto a realizarlo contigo.
No conviertas la práctica en una prueba de perfección. Nadie resuelve en un día la crisis que enfrenta la creación. La contemplación educa la mirada; una mirada bien formada elige mejor; pequeñas decisiones compartidas pueden producir un gran cambio.
Un paisaje, una familia
Imagina la noche terminando sobre Asís. La luna sigue en el cielo, pero el sol ya toca las piedras. El viento pasa por un olivo. El agua corre por el valle. Un ave despierta. Ningún ser necesita competir por un lugar en la alabanza: cada uno ofrece su propia manera de existir.
Entramos en este coro recibiendo, no mandando. No producimos la primera luz, no enseñamos a la semilla a abrirse ni inventamos el aire. Esta verdad nos hace humildes y también responsables, pues recibimos inteligencia, manos y la capacidad de tomar decisiones que protegen o dañan.
Francisco añadió la reconciliación humana al cántico. Esto es decisivo. No podemos decir “hermana Agua” y negar agua limpia a los pobres; admirar los bosques y despreciar a los pueblos que los protegen; amar a los animales y tratar a las personas como objetos. La verdadera alabanza vuelve a unir lo que el egoísmo separó.
Al contemplar una criatura, deja que amplíe tu familia. El agua del vaso pasó por nubes, ríos, tuberías y el trabajo de muchas personas. Un fruto contiene sol, lluvia, tierra, semillas y cuidado humano. Todo está conectado.
Tal vez la oración más franciscana de hoy sea esta: recibir con gratitud, usar con moderación, compartir con justicia y devolver cuidado. Así nuestra voz encuentra su lugar en el cántico.
Fuentes y lecturas complementarias
- Orden de los Frailes Menores — Oraciones de san Francisco — incluye el Cántico de las criaturas entre los textos auténticos de oración del santo.
- Orden de los Frailes Menores — celebración del octavo centenario del Cántico — sitúa su composición en San Damián en 1224–1225 y destaca creación, alabanza y reconciliación.
- Santa Sede — Laudato si’, 1, 10–12 y 87–92 — explica el parentesco de Francisco con las criaturas y el vínculo inseparable entre cuidado ambiental y amor a las personas.
- Salmo 148 — Biblia de la Iglesia en América — convoca al cielo, la tierra y las criaturas a alabar al Señor.

