Francisco arrodillado en oración al amanecer en un saliente rocoso de La Verna mientras fray León permanece a cierta distancia junto a un refugio sencillo
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Libro VI · Los Lugares · Peregrinación VIII

La Verna: la montaña del secreto

En la montaña de La Verna, entre bosques y abismos de piedra, Francisco vivió su retiro más misterioso y recibió en el cuerpo el recuerdo de la pasión de Jesús.

Una montaña ofrecida

La Verna se alza en los Apeninos toscanos, sobre el valle del Casentino. Su gran masa de piedra caliza está cortada por grietas, cuevas y bloques que parecen haber caído unos sobre otros. Las hayas altas cierran el paso a la luz. En invierno, la nieve transforma el camino. Incluso en verano, la sombra puede ser fría.

En 1213, el conde Orlando Cattani de Chiusi se encontró con Francisco y le ofreció la montaña como lugar de retiro. El santuario y la diócesis local conservan esta fecha, y la donación quedó reafirmada por documentos posteriores. Francisco aceptó el uso del monte como espacio de oración para los hermanos, sin convertirlo en una propiedad personal para enriquecerse.

Esta donación es un dato histórico firmemente conservado. Los diálogos exactos entre Orlando y Francisco aparecen en tradiciones narrativas. No había alguien escondido con una pluma que anotara cada palabra. Conocemos el acontecimiento; la conversación se adornó para transmitir su significado.

Antes de las grandes iglesias

Hoy La Verna tiene una basílica, capillas, corredores y obras de arte de los Della Robbia. Casi nada de eso existía durante los primeros retiros de Francisco. Había cabañas sencillas y, desde alrededor de 1216, una pequeña capilla dedicada a Santa María de los Ángeles. La gran basílica comenzó mucho después y tardó siglos en adquirir su forma.

Para imaginar a Francisco tenemos que retirar mentalmente las construcciones posteriores. Quedan el bosque, la piedra, un refugio pobre, la capillita y algunos hermanos. La propia naturaleza era la arquitectura más poderosa.

Es una precaución histórica. El santuario actual es valioso, pero reúne etapas que van desde el siglo XIII en adelante. Decir que Francisco rezó en la «basílica» tal como existe hoy sería colocar el futuro dentro del pasado.

El retiro de 1224

Francisco estuvo en La Verna más de una vez. El retiro más recordado ocurrió en 1224, cerca de la fiesta de san Miguel Arcángel, que se celebra el 29 de septiembre. Solía dedicar períodos al ayuno y a la oración. Su salud ya estaba debilitada y la fraternidad atravesaba cambios que lo preocupaban.

Fray León, un compañero muy cercano, estaba con él. La tradición presenta a Francisco buscando mayor soledad y a León acercándose en momentos determinados. Un pequeño pergamino conservado en Asís, donde Francisco escribió una bendición para León, es un vínculo material extraordinario entre ambos.

No conocemos su rutina hora por hora. Una escena de León dejando pan cerca de la cabaña o esperando a cierta distancia es una reconstrucción razonable basada en la vida de retiro. No debe confundirse con una página de un diario.

El deseo de parecerse a Jesús

Las fuentes hagiográficas dicen que Francisco deseaba experimentar, en la medida de lo posible, el amor y el dolor de Cristo. Durante la oración habría visto una figura semejante a un serafín de seis alas y, al mismo tiempo, la imagen del Crucificado. Después aparecieron en sus manos, pies y costado señales parecidas a las heridas de la crucifixión.

El episodio se conoce como la estigmatización. Los estigmas son esas marcas. Para la tradición católica, se trata de una gracia singular. El historiador debe distinguir los distintos tipos de testimonio. Francisco no dejó una descripción del acontecimiento en sus propios escritos. Los primeros biógrafos narraron la visión. Compañeros y personas que vieron su cuerpo, sobre todo después de su muerte, afirmaron que las marcas existían.

Por tanto, la presencia de heridas fue atestiguada muy pronto; la forma completa de la visión nos llega mediante narraciones hagiográficas, relatos religiosos sobre su vida. Su significado espiritual no exige fingir que tenemos una grabación del momento.

Un secreto guardado

Francisco no parece haber intentado mostrar las marcas. Las fuentes cuentan que procuraba ocultarlas, cubriéndose manos y pies. Esto encaja con su manera de evitar la gloria personal. Lo ocurrido no lo convirtió en un gobernante poderoso. Bajó de la montaña todavía más frágil.

Fray León y otros compañeros advirtieron las señales. Elías, dirigente de la Orden, anunció después de la muerte de Francisco que llevaba las cinco marcas de Cristo. Tomás de Celano también las describió en la primera biografía. Son textos cercanos en el tiempo, aunque escritos para una comunidad que ya veneraba a Francisco como santo.

Es correcto decir: «Testigos antiguos afirmaron haber visto las marcas». Es menos correcto afirmar que conocemos exactamente su forma médica o cómo aparecieron. Un historiador responsable puede reconocer el testimonio, su contexto y sus límites sin caer en burlas ni en certezas exageradas.

La visión y su lenguaje

¿Por qué un serafín? En la Biblia, los serafines son seres asociados a la cercanía ardiente de Dios. La imagen de las alas y la crucifixión parece unir amor y sufrimiento. El relato ofrece un lenguaje espiritual para algo que iba más allá de las palabras corrientes.

Los detalles varían entre las fuentes y las representaciones artísticas. Los pintores necesitaban hacer visible lo invisible. Por eso crearon rayos que unían la figura celestial con el cuerpo de Francisco. Esos rayos son una solución artística y teológica, no un dato que todos los textos describan de la misma manera.

Nuestra imaginación puede guardar silencio ante la roca. Quizá sea más fiel no intentar llenar cada segundo. Hay historias que piden luz; esta también pide sombra.

Fray León, cerca y lejos

León es importante porque impide que convirtamos a Francisco en un héroe completamente solitario. Había un hermano cerca: alguien que conocía su cansancio, preparaba lo necesario, recibía sus palabras y guardaba recuerdos.

La bendición escrita para León comienza con la bendición bíblica «El Señor te bendiga y te guarde». En el pergamino, Francisco trazó también la Tau, un signo que amaba. Es un objeto histórico conservado, aunque los estudiosos discuten las fechas y las circunstancias exactas de algunos escritos relacionados con La Verna.

Podemos imaginar a León recibiendo aquel trocito de piel preparada, observando la letra irregular y guardándolo con cuidado. El gesto está reconstruido, pero el pergamino existe. Entre una experiencia que no podemos tocar y un objeto que ha atravesado ocho siglos, La Verna conserva su misterio.

Piedra partida

Las enormes grietas de La Verna dieron origen a historias. Una antigua tradición cristiana del santuario relacionó las rocas partidas con el terremoto ocurrido al morir Jesús. La geología ofrece otra explicación: el macizo calizo sufrió fracturas y grandes desplazamientos naturales.

No hace falta obligar a una lectura a destruir la otra. La explicación geológica habla de cómo se formó y se partió la roca. La tradición habla de cómo los peregrinos medievales interpretaron aquel paisaje a la luz de la pasión de Cristo.

Llamar a las grietas una prueba física del Calvario sería una afirmación religiosa, no geológica. Saberlo no hace menos impresionante el camino. La naturaleza real ya resulta asombrosa.

El descenso

Después del retiro, Francisco bajó. Su salud empeoraba. Caminaba con dificultad y necesitaba ayuda. Todavía quedaban cartas que dictar, hermanos que consolar y cánticos que cantar. La experiencia de La Verna no lo separó de la vida cotidiana.

Una reconstrucción posible muestra al pequeño grupo avanzando despacio por el bosque. León observa dónde pisa Francisco. El santo lleva las manos escondidas en las mangas. Ningún coro llena el cielo; hay hojas, dolor y el esfuerzo de cada paso.

No conocemos cada movimiento del descenso. Pero las fuentes coinciden en que Francisco siguió entre los hermanos y en que las marcas llegaron a conocerse. El monte no fue el final de su historia. Fue un paso hacia sus dos últimos años.

Un acontecimiento discutido y amado

A lo largo de los siglos, estudiosos, médicos, creyentes y críticos han propuesto distintas explicaciones de los estigmas. Algunas personas los reciben como un milagro. Otras buscan causas naturales o psicológicas. Los documentos no permiten repetir un experimento ni examinar el cuerpo hoy.

El historiador francés André Vauchez, citado en estudios franciscanos, señala lo difícil que resulta definir con precisión lo ocurrido, aunque no sea razonable ignorar los testimonios antiguos. Esa cautela es valiosa. Protege al lector de dos salidas demasiado fáciles: creer cualquier detalle tardío o descartar todos los testimonios sin examinarlos.

En este portal distinguimos la presencia histórica de Francisco en La Verna; la tradición y los testimonios muy antiguos sobre las marcas; las narraciones religiosas sobre la visión; y las interpretaciones posteriores del arte y la medicina. Cada capa merece su nombre.

Lo que pide La Verna

La Verna no pide al visitante que busque heridas. Lo invita a contemplar un amor dispuesto a permanecer cerca de quien sufre. Francisco no deseaba el dolor por sí mismo. Quería parecerse a Jesús en su amor sin defensas.

Para un lector de doce años hay que decirlo con cuidado: nadie debe hacerse daño en el cuerpo para imitar a un santo. La vida franciscana cuida a los enfermos y respeta el cuerpo. El mensaje consiste en no abandonar a quien sufre.

También está permitido no entenderlo todo. La fe medieval convivía con señales, sueños y visiones de una manera distinta a la nuestra. Escuchar ese lenguaje no obliga a dejar de hacer preguntas.

El bosque que guarda

Pasaron los siglos. La pequeña capilla ganó vecinas. Los artistas cubrieron las paredes de imágenes. Los peregrinos abrieron caminos. El bosque permaneció como una gran nave de hojas, hoy protegida dentro del parque nacional de los Bosques Casentineses.

Quien llega puede conocer las fechas y aun así sentir que el lugar no cabe en ellas. El documento de 1213 explica el ofrecimiento de la montaña. La arquitectura explica el crecimiento del santuario. Las biografías explican lo que los primeros hermanos creían que había sucedido. Ninguna de estas cosas agota por sí sola La Verna.

En lo alto, Francisco se hizo todavía más pequeño. No trajo de la montaña una teoría. Trajo un cuerpo frágil y la decisión de seguir amando. Entre la piedra fría y la luz de la mañana, el secreto permanece como una pregunta: ¿hasta dónde puede llegar un corazón que desea parecerse al amor?

Fuentes comentadas

  1. Santuario de La Verna, «Historia». Fuente oficial del propio santuario para la donación de 1213, los retiros y el desarrollo de las construcciones. Consultar
  2. Diócesis de Arezzo-Cortona-Sansepolcro, «Santuario de La Verna». Síntesis institucional con el ofrecimiento de Orlando, la capilla primitiva, el retiro de 1224 y las fechas de la basílica posterior. Consultar
  3. Tomás de Celano, Vida primera de san Francisco. Fuente hagiográfica temprana sobre las marcas vistas en el cuerpo y su interpretación; cercana a los acontecimientos, pero escrita para proclamar la santidad de Francisco.
  4. Carta de fray Elías tras la muerte de Francisco. Testimonio antiguo que anuncia las cinco marcas; importante para conocer la rapidez con que circuló la noticia en la Orden.
  5. Tradición Intelectual y Espiritual Franciscana, «Fiesta de los Estigmas». Estudio franciscano reciente que reúne fuentes y cita la cautela del historiador André Vauchez. Consultar
  6. Parque Nacional de los Bosques Casentineses, «Santuario de La Verna». Fuente oficial sobre el paisaje, las formaciones calizas, los barrancos y el bosque que definen la experiencia del lugar. Consultar
  7. Benedicto XVI, discurso preparado para La Verna (2012). Lectura teológica oficial de la relación entre cruz, amor y creación; no es una fuente medieval, pero muestra cómo se interpreta hoy la tradición. Consultar
  8. Ayuntamiento de Chiusi della Verna, presentación del santuario. Referencia municipal sobre el patrimonio y la continuidad histórica del monte. Consultar