Fray Egidio teje una cesta de mimbre con manos callecidas junto a un pequeño convento de piedra
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Libro IV · Los que quedaron · Capítulo 03

Fray Egidio y las manos callecidas

Egidio cruzó caminos, cortó leña, cargó agua e hizo del trabajo una forma de oración. Su sabiduría nació entre silencio y manos cansadas.

Un hombre que llegó en cuarto lugar

Egidio se unió a Francisco en 1208 y fue uno de los primeros compañeros. Las fuentes lo muestran viajando a santuarios, trabajando con sus manos y buscando largos espacios de oración.

No quería recibir pan sin ofrecer trabajo. Cortó leña, cargó agua, recogió nueces, ayudó en cosechas y fabricó objetos sencillos. Esta memoria no convierte el trabajo agotador en castigo. Afirma que el sustento tiene rostros y que el hermano menor no usa la pobreza como excusa para explotar a otros.

También aprendió que elegir solo tareas agradables puede esconder vanidad. Trabajo y oración se corrigieron mutuamente: las manos impedían que la contemplación huyera del mundo; el silencio impedía que el trabajo se volviera posesión.

Compañeros recogieron después sus dichos. Las colecciones transmiten su sabiduría en forma breve y proverbial, aunque no cada frase puede verificarse como transcripción literal.

Egidio vivió muchos años en Monteripido, cerca de Perugia, y murió en 1262, más de tres décadas después de Francisco. Permaneció como memoria viva de la primera fraternidad: manos cansadas, corazón atento y palabras que pesaban porque habían pasado por la vida.

Fuentes y lecturas

  1. Fuentes primitivasNoticias sobre Egidio.
  2. Biblioteca franciscanaColecciones de dichos y estudios.