Una niña aprende pronto el camino entre la cama y la puerta. Sabe por dónde entra la luz, qué escalón cruje y desde qué ventana se ve el valle. Después, una mañana, los adultos dicen que hay que partir.
Probablemente fue así, sin la claridad que poseen los libros, como Clara dejó Asís. La revuelta comunal había afectado a las familias nobles. Los Offreduccio buscaron protección en Perugia, ciudad poderosa y rival. Clara pasó parte de su infancia o adolescencia lejos de la casa en la que había nacido.
Por qué Perugia
Perugia estaba a una jornada posible, pero pertenecía a otro campo político. Allí los nobles exiliados de Asís podían encontrar parientes, aliados y seguridad. No eran refugiados sin recursos. Una red aristocrática ofrecía refugio. Aun así, dejar la propia ciudad significaba depender de la hospitalidad ajena y esperar cambios que nadie controlaba.
Las fuentes no dicen dónde vivió Clara. Los historiadores proponen conexiones familiares y entornos nobles. Es probable que la vida mantuviera criados, oraciones, aprendizaje doméstico y preparación para el matrimonio. Sería un error imaginar una miseria absoluta. También sería un error llamar a aquello un viaje cómodo.
El exilio cambia la posición de una persona. En Asís, el apellido abría puertas. En Perugia, la familia era huésped y parte de un problema político venido de fuera.
La ciudad del otro lado
En 1202, Asís entró en guerra con Perugia. La batalla de Collestrada terminó con la derrota de los asisienses y la captura de combatientes, entre ellos Francisco. Mientras él experimentaba la prisión, Clara podía estar dentro de las murallas de la ciudad vencedora.
“Podía” es una palabra importante. No poseemos un registro que la sitúe ante los prisioneros ni motivos para suponer que supiera el nombre del hijo de Pietro Bernardone. Cualquier encuentro sería una invención. La proximidad histórica, sin embargo, revela la complejidad de aquel mundo: dos vidas que después convergerían estaban entonces separadas por la clase, la ciudad y la guerra.
Para Clara, la victoria de Perugia no significaba simplemente victoria. Su ciudad natal había perdido; los aliados de su familia habían vencido. Los exiliados viven ese tipo de división. La seguridad y la añoranza pueden apuntar a lados contrarios.
Lo que una niña aprende sin elegir
No sabemos qué edad exacta tenía Clara al partir, porque incluso su año de nacimiento varía entre 1193 y 1194. Era lo bastante joven para que el desplazamiento la formara. Aprendió que las murallas no garantizan la permanencia y que una familia poderosa puede necesitar huir.
Tal experiencia no explica por sí sola su vocación. Muchos niños atravesaron conflictos y no fundaron comunidades religiosas. Pero el exilio podía volver concretas algunas preguntas: ¿qué permanece cuando se pierde una casa? ¿Quiénes somos cuando los títulos no controlan el día? ¿De qué sirve acumular si una disputa obliga a dejarlo todo?
Esas preguntas son formulaciones nuestras. Clara no las escribió en aquella época. Más tarde, sin embargo, elegiría una vida sin propiedad y llamaría a Cristo espejo en el que se ven pobreza, humildad y amor. La experiencia no prueba la elección, pero ofrece su suelo humano.
Mujeres en movimiento
Solemos imaginar a las mujeres medievales siempre inmóviles. Ortolana, madre de Clara, peregrinó a Roma, al Gargano y a Tierra Santa. El exilio llevó a las hijas fuera de Asís. Bona de Guelfuccio acompañaría a Clara en encuentros discretos. La vida femenina tenía límites fuertes, pero no estaba detenida.
Los viajes dependían de la protección y la posición social. Una muchacha noble no caminaba libre y sola por Italia. Se desplazaba dentro de una casa ampliada: parientes, siervos, animales, equipajes, alianzas. Su movilidad era real y vigilada al mismo tiempo.
En la imagen de este capítulo, Ortolana posa la mano en el hombro de Clara. No sabemos si ese gesto ocurrió. Representa una función probable: en territorio extraño, las mujeres de la familia ayudaban a mantener la continuidad, la oración, la comida, la ropa y la memoria.
Una educación fuera de casa
No existe un programa escolar de Clara. La Leyenda la describe piadosa desde pequeña, generosa con los pobres e inclinada a la oración. Las hagiografías suelen mostrar la santidad adulta ya presente en la infancia; por eso deben leerse con respeto y atención literaria.
Una joven de su clase podía aprender oraciones, salmos, tareas de administración doméstica, costura y comportamientos esperados de una futura esposa noble. Se debate cuánto latín dominaba Clara. Sus escritos posteriores revelan cultura bíblica y teológica, pero fueron producidos en un entorno comunitario, con liturgia, predicadores y posibles ayudantes de redacción.
Perugia también podía ampliar su mundo. En una ciudad mayor, oiría otros acentos, noticias y devociones. Una vez más, no poseemos una escena documentada. Lo que podemos afirmar es que la formación medieval ocurría a través de la convivencia, no solamente de los libros.
El regreso no borra la partida
Los pactos entre grupos de Asís permitieron gradualmente el regreso de los exiliados. La familia volvió probablemente en los primeros años del siglo XIII. La casa podía repararse; la experiencia no.
Volver no significa retomar exactamente lo que existía. Las relaciones políticas habían cambiado. La comuna había ganado fuerza. Los nobles necesitaban negociar su lugar. Clara regresó mayor, acercándose a la edad en que el matrimonio y la herencia se convertirían en decisiones urgentes.
La tradición cuenta que rechazó propuestas de matrimonio. El Proceso contiene testimonios sobre su voluntad de permanecer virgen y servir a Dios. No sabemos cuántas propuestas existieron ni todas las conversaciones familiares. Sabemos que la dirección de su vida comenzó a entrar en conflicto con el futuro esperado.
El exilio y la pobreza no son lo mismo
Es importante no confundir el sufrimiento impuesto con la pobreza elegida. En el exilio, la familia quería recuperar la seguridad y el patrimonio. En San Damián, Clara defendería voluntariamente la renuncia a la propiedad comunitaria. Una experiencia no es copia de la otra.
Tampoco debemos romantizar la pérdida. Quien es expulsado de casa no necesita agradecer la lección. El desplazamiento puede dejar miedo y heridas. La grandeza de Clara no estaría en encontrar hermoso perder, sino en transformar la percepción de la fragilidad en una libertad que no dependiera de poseer.
Cuando pidió al papa el Privilegio de la Pobreza, no estaba jugando a la vulnerabilidad. Sabía que la seguridad material era valiosa. Precisamente por eso su insistencia fue radical y exigió redes concretas de cuidado.
Lo que el silencio enseña al historiador
Las fuentes clarianas fueron escritas para recordar a una santa, confirmar virtudes y orientar a una comunidad. No se produjeron para responder a todas las preguntas de una biografía moderna. El exilio aparece más como contexto que como historia narrada en detalle.
Por eso, este capítulo mantiene visibles cinco capas. El documento político muestra el conflicto. La investigación académica reconstruye el desplazamiento. La hagiografía presenta a la joven santa. El testimonio habla de la conducta recordada décadas después. El arte y la narrativa dan cuerpo a lo probable, anunciando sus límites.
Esa disciplina no enfría la historia. Al contrario: impide que sustituyamos a Clara por un personaje creado para satisfacer nuestro deseo de escenas perfectas.
Aprender a habitar de otro modo
Años después, Clara dejaría Asís de nuevo, esta vez por decisión propia. Pasaría por San Pablo de las Abadesas y Sant’Angelo di Panzo hasta llegar a San Damián. El exilio de la infancia había sido una huida con la familia; la salida adulta sería una ruptura con las expectativas de la familia.
En ambos casos había una puerta, un camino y una casa incierta. Pero el segundo viaje poseía una dirección interior que era suya.
Quizá el exilio le enseñara que una casa puede perderse. San Damián enseñaría que una casa también puede crearse. No con torres para proteger un nombre, sino con una regla, una mesa pobre y mujeres que se llamaban hermanas unas a otras.
Perugia no fue solamente un intervalo antes de la “verdadera” vida. Fue uno de los lugares que hicieron que Clara conociera la inestabilidad del mundo. Cuando volvió a Asís, la ciudad era la misma ladera. La joven que la miraba ya no era la misma niña.
Mapas incompletos
Fuentes de este capítulo
- Fuentes ClarianasFuentes antiguas. Permiten comprobar lo que el Proceso y la Leyenda dicen —y no dicen— sobre la juventud.
- Proceso de CanonizaciónTestimonio. Conserva recuerdos de parientes y compañeras, recogidos en 1253.
- Basílica de Santa Clara — perfil históricoSíntesis local. Presenta la cronología familiar, el exilio y el regreso con prudencia.
- Guía de Santa ClaraCorpus documental. Reúne traducciones y bibliografía para comparar las tradiciones.
- Carta para el Año ClarianoRecepción oficial. Resume el contexto del exilio en Perugia y de la juventud de Clara.
- El compendio de Cambridge sobre Francisco de AsísContexto académico. Sitúa la guerra, las comunas y la generación de Francisco y Clara.
- El reclutamiento social de las clarisasHistoria social. Examina las redes aristocráticas de las primeras hermanas.
Nivel de certeza: el exilio está históricamente sustentado; la casa, el itinerario, los gestos maternos y los pensamientos son reconstrucciones declaradas.

