Tal vez comenzaste una oración y, pocos segundos después, estabas pensando en la escuela, una conversación, una cuenta o el ruido de la calle. Quizá buscaste una palabra bonita y no encontraste ninguna. Puede ser que estés demasiado cansado, demasiado triste o simplemente vacío. Entonces surge una pregunta dolorosa: «¿Será que Dios se alejó de mí?».
No lograr organizar palabras no significa que dejaste de amar a Dios. La distracción forma parte de la experiencia humana. La aridez —ese tiempo en que la oración parece no tener sabor ni consuelo— también es conocida desde hace muchos siglos por la tradición cristiana. No es una prueba automática de culpa, abandono o falta de fe.
En la Biblia, san Pablo enseña que el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad cuando ni siquiera sabemos qué pedir. Hay días en que la oración es una frase. En otros, es una respiración, una lágrima o la decisión de permanecer ante Dios un minuto más. Y hay días en que descansar, buscar compañía y recibir cuidado es la respuesta más verdadera que podemos dar.
¿De dónde viene esta oración?
Esta es una oración original del Portal São Francisco. No es un texto antiguo ni una oración escrita por san Francisco de Asís. Fue creada para acoger a quien desea rezar, pero encuentra distracción, sequedad espiritual, agotamiento o sufrimiento emocional.
El Catecismo de la Iglesia Católica trata la distracción y la aridez como dificultades reales de la oración. En lugar de exigir sensaciones agradables, aconseja humildad, confianza y perseverancia. El papa Francisco también explica que, en los tiempos secos, podemos presentar a Dios nuestras dificultades y amarguras como un verdadero acto de fe.
San Francisco de Asís buscaba lugares silenciosos, pero su vida de oración no estuvo separada de las lágrimas, la enfermedad, el cuidado de los hermanos y el encuentro con los pobres. La espiritualidad franciscana nos ayuda a llegar ante Dios como criaturas: no como máquinas espirituales, sino como personas limitadas que reciben la vida.
Oración cuando no llegan las palabras
Dios de bondad,
vine,
pero hoy no sé rezar.
Mi mente corre hacia muchos lugares.
Mi corazón parece una casa vacía.
Tal vez estoy cansado,
quizá herido,
tal vez ni siquiera sé explicar lo que ocurre.
No tengo palabras bonitas para ofrecerte.
Recibe, entonces, esta respiración.
Recibe mi silencio.
Recibe incluso mis ganas de irme.
Si me distraigo,
no permitas que crea que fracasé.
Si no siento tu presencia,
guárdame cuando no logro percibirte.
Espíritu Santo,
reza en mí lo que no sé decir.
Convierte mi suspiro en petición,
mi lágrima en entrega,
mi descanso en confianza.
Jesús,
tú conociste la angustia y el abandono.
Siéntate conmigo en este lugar sin respuestas.
No apresures mi sanación.
No permitas que confunda el silencio con rechazo.
Dame una persona segura a quien acudir,
valor para decir «no estoy bien»
y humildad para recibir cuidado.
Bendice a quien me escucha con respeto:
mi familia,
mis amigos,
mi comunidad
y los profesionales que cuidan la mente y el cuerpo.
Si hoy solo puedo quedarme aquí,
quédate conmigo.
Si solo puedo decir tu nombre,
escucha tu nombre en mi boca.
Si ni siquiera eso es posible,
acoge mi deseo de desearte.
No necesito fabricar luz.
Puedo esperar el amanecer.
En tus manos pongo
lo poco que tengo,
el peso que cargo
y este silencio que tú conoces por completo.
Amén.
Oración original del Portal São Francisco, inspirada en Romanos 8 y en la tradición cristiana sobre la aridez en la oración.
Cómo rezar esta oración
No necesitas terminar el texto. Elige la forma más pequeña posible de rezar hoy. Puede ser sentarte un minuto, poner la mano sobre el pecho y decir: «Dios, aquí estoy». Puede ser repetir despacio: «Espíritu Santo, reza en mí». Puede ser simplemente respirar sin intentar producir sentimiento alguno.
Cuando notes una distracción, no pelees con tu mente. Reconoce el pensamiento y vuelve con suavidad a la frase elegida. Si llega el sueño porque tu cuerpo está exhausto, quizá necesites dormir. Descansar no ofende a Dios.
También es posible rezar acompañado. Pide a alguien de confianza que permanezca cerca, lea un salmo contigo o simplemente escuche. Un sacerdote, religioso o acompañante espiritual puede ayudar con las dudas de fe. Un psicólogo, médico u otro profesional de la salud puede ayudar cuando el sufrimiento involucra la mente y el cuerpo. Estos cuidados pueden caminar juntos.
Si la tristeza, la ansiedad, el desánimo o el cansancio persisten y dificultan comer, dormir, estudiar, trabajar o convivir, cuéntaselo a una persona segura y busca ayuda profesional. Si piensas lastimarte o no te sientes seguro, busca de inmediato a una persona adulta de confianza y al servicio de emergencias de tu región. Pedir ayuda no es falta de fe; es un gesto de protección de la vida.
La llama que no necesitamos fabricar
Imagina una capilla casi oscura antes del amanecer. Hay una vela apagada y una puerta entreabierta. No necesitas encender el sol. Basta permanecer hasta que la luz encuentre la abertura.
A veces pensamos que una buena oración necesita emoción, concentración perfecta y muchas palabras. Pero Jesús acogió a personas que llegaban llorando, gritando, preguntando o simplemente tocando su vestidura. La verdad del encuentro no dependía de una presentación bien hecha.
El silencio también puede ser verdadero. Sin embargo, no todo sufrimiento debe cargarse a solas en nombre del silencio. Dios suele cuidarnos por medio de otras personas: alguien que escucha, prepara alimento, acompaña a una consulta o permanece cerca durante una noche difícil. Recibir ese cuidado es permitir que el amor tenga manos humanas.
Tal vez hoy no sientas nada. No conviertas eso en una sentencia sobre tu fe. El Catecismo llama aridez a un tiempo en que permanecemos junto a Jesús sin consuelo sensible. Permanecer puede significar rezar una frase; puede significar participar en la comunidad; puede significar descansar y volver mañana.
Tu oración no necesita abrir el cielo por la fuerza. El Espíritu ya conoce el camino. Cuando falten palabras, entrégale el silencio. Cuando falten fuerzas, permite que alguien camine a tu lado. No eres un fracaso espiritual. Eres una criatura cansada a quien el amor todavía puede encontrar.
Para conocer las fuentes
- Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos — Romanos 8 — pasaje bíblico sobre el Espíritu que acude en ayuda de nuestra debilidad cuando no sabemos cómo rezar.
- Santa Sede — Catecismo de la Iglesia Católica, 2725–2758 — presenta las distracciones, la aridez y el desánimo en el camino de la oración y recomienda humildad, confianza y perseverancia.
- Santa Sede — Catequesis del papa Francisco sobre distracciones, aridez y acedia — reflexión pastoral sobre dificultades comunes de la oración y la confianza en Dios durante los períodos de sequedad.
- Orden de Hermanos Menores — Testamento de san Francisco — testimonio auténtico en el que Francisco narra su camino como don recibido del Señor en medio de la vida concreta.

