San Francisco escribe las Alabanzas al Dios Altísimo a la luz de una lámpara de aceite mientras fray León espera en silencio
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Oraciones auténticas · Alabanza

Alabanzas al Dios Altísimo

La oración que san Francisco escribió después de La Verna: una sucesión de nombres para hacer descansar todo el corazón en Dios.

Cuando ninguna palabra parece suficiente

Imagina una noche fría en una montaña. No hay calles iluminadas, música ni multitudes. Hay piedra, viento y silencio. Francisco está cansado y su cuerpo lleva sufrimiento. Aun así, su oración no comienza con una queja. Comienza con dos palabras repetidas como latidos del corazón: «Tú eres».

A veces pensamos que alabar es decir cosas bonitas porque todo salió bien. Francisco enseña algo mayor: alabar es reconocer quién es Dios, incluso cuando la vida sigue siendo difícil. Es abrir una ventana en una habitación oscura. Los problemas no desaparecen, pero ya no ocupan todo el horizonte.

Esta oración no intenta explicar a Dios. Francisco pronuncia nombres: santo, fuerte, bueno, amor, sabiduría, humildad, belleza, mansedumbre. Cada nombre es una pequeña llama. Juntos nos ayudan a comprender que Dios no es una idea lejana. Es aquel en quien el corazón encuentra seguridad, descanso y alegría.

De dónde viene esta oración

Una alabanza escrita en una pequeña hoja

Las Alabanzas al Dios Altísimo son un escrito auténtico de san Francisco. Hay algo extraordinario: la pequeña hoja de pergamino, llamada chartula, ha llegado hasta nosotros. De un lado, Francisco escribió estas alabanzas; del otro puso la Bendición a fray León y dibujó el signo de la Tau. Fray León añadió una nota que explica que Francisco escribió el texto después de recibir en su cuerpo, en el monte La Verna, los signos de la Pasión de Cristo, en 1224.

Por eso no conocemos esta oración solo por una copia hecha muchos años después. Se conserva un testimonio vinculado directamente con las manos de Francisco y con la amistad entre dos hermanos. La tradición franciscana entiende que fray León atravesaba una aflicción interior. Francisco no le ofreció una larga teoría. Le dio una hoja que decía, en resumen: mira a Dios; en él se encuentra todo lo que el corazón realmente necesita.

La versión de abajo es una traducción pastoral propia de este portal, preparada a partir del latín y cotejada con ediciones franciscanas. Conservamos la repetición de «Tú eres», pulso del original, y elegimos palabras claras sin cambiar su sentido.

Palabras de san Francisco

Alabanzas al Dios Altísimo

Tú eres santo, Señor, Dios único,
tú que realizas maravillas.

Tú eres fuerte.
Tú eres grande.
Tú eres altísimo.
Tú eres rey todopoderoso.
Tú, Padre santo,
rey del cielo y de la tierra.

Tú eres trino y uno,
Señor, Dios de los dioses.
Tú eres el bien, todo el bien, el bien supremo,
Señor Dios, vivo y verdadero.

Tú eres amor y caridad.
Tú eres sabiduría.
Tú eres humildad.
Tú eres paciencia.
Tú eres belleza.
Tú eres mansedumbre.
Tú eres seguridad.
Tú eres descanso.

Tú eres alegría.
Tú eres nuestra esperanza y nuestra felicidad.
Tú eres justicia.
Tú eres equilibrio.
Tú eres toda la riqueza que nos basta.

Tú eres belleza.
Tú eres mansedumbre.
Tú eres nuestro protector.
Tú eres nuestro guardián y defensor.
Tú eres fortaleza.
Tú eres alivio.

Tú eres nuestra esperanza.
Tú eres nuestra fe.
Tú eres nuestra caridad.
Tú eres toda nuestra dulzura.
Tú eres nuestra vida eterna:

Señor grande y admirable,
Dios todopoderoso,
Salvador lleno de misericordia.

Amén.

Una oración casi sin «yo»

Observa algo curioso: Francisco casi no habla de sí mismo. No enumera lo que hizo, lo que merece ni lo que desea obtener. Repite: «Tú eres». Esto no borra su personalidad. Al contrario, pone su vida en el lugar correcto. Cuando el «yo» deja de ser el centro de todo, el corazón gana espacio para respirar.

También es hermoso notar que Francisco llama a Dios humildad. Parece extraño: ¿Dios es el Altísimo y, a la vez, humilde? Para la fe cristiana, sí. Jesús no vino a aplastar a los pequeños. Se acercó, sirvió, lavó pies y entregó la vida. El Dios grande no necesita disminuir a nadie para mostrar su grandeza.

Francisco repite «belleza» y «mansedumbre». Quizá no sea un accidente. Hay verdades que necesitan decirse más de una vez hasta atravesar el miedo. Dios es belleza cuando nuestra mirada quedó atrapada en lo feo. Dios es mansedumbre cuando el mundo parece gobernado por los gritos. Repetir no es falta de imaginación; es permanecer ante una fuente.

Cómo rezar esta oración

Elige una llama y permanece con ella

  1. Haz silencio durante un minuto. Apoya los pies en el suelo y respira despacio. No necesitas producir una emoción especial.
  2. Lee sin prisa. Haz una pausa breve en cada «Tú eres». Imagina que enciendes una pequeña lámpara.
  3. Elige un nombre de Dios. Quizá hoy necesites «descanso», «fortaleza», «mansedumbre» o «esperanza». Repite solo esa línea algunas veces.
  4. Une la alabanza con la vida. Si Dios es mansedumbre, pide una voz apacible. Si es protector, recuerda a alguien que necesita protección. Si es caridad, elige una acción de amor.
  5. Termina con gratitud. Di una cosa pequeña por la que das gracias. Puede ser el agua, una persona, una oportunidad para volver a comenzar o simplemente el hecho de estar vivo.

Puedes rezar toda la oración o quedarte en una sola frase. No hay premio por terminar rápido. La alabanza es compañía, no carrera.

Una breve meditación

Dios sigue siendo Dios esta noche

Quizá hoy estés feliz. Tal vez estés confundido como fray León. Quizá cargues un dolor que nadie percibe. Pon todo eso ante Dios sin ocultarlo.

Ahora di despacio: «Tú eres mi esperanza». No significa que ya sepas cómo terminará la historia. Significa que el miedo no tiene la última palabra. Di: «Tú eres descanso». No significa abandonar tus responsabilidades. Significa recordar que eres amado incluso antes de resolverlo todo.

Imagina la pequeña hoja que pasa de las manos de Francisco a las de León. El pergamino no es grande, pero guarda una verdad mayor que la montaña: cuando nos falten palabras sobre nosotros mismos, todavía podemos decir palabras sobre Dios. Y, poco a poco, al recordar quién es Dios, también recordamos que no estamos solos.

Para quien desea profundizar

Fuentes de esta página

  1. Orden de Hermanos Menores — El don de los estigmas, 1224–2024Contextualiza La Verna, la composición de las Alabanzas y la pequeña hoja entregada a fray León.
  2. Custodia San Francisco de Asís — texto latino de las AlabanzasTranscripción del original latino con referencias bíblicas y traducción franciscana para cotejo.
  3. León XIV — Discurso a los Capítulos Generales, 20 de junio de 2025El papa concluye el encuentro rezando el comienzo de las Alabanzas al Dios Altísimo y confirma su autoría franciscana.
  4. Papa Francisco — Discurso a la Orden Franciscana SeglarPresenta «el bien, todo bien, el sumo bien» como centro de la conversión del corazón.

Nota de traducción: la oración de arriba no reproduce íntegramente una traducción moderna. Es una traducción pastoral propia, hecha a partir del latín Laudes Dei Altissimi. El contexto de la chartula está atestiguado por la nota de fray León y aceptado por las fuentes franciscanas; los detalles de la escena artística son una interpretación visual respetuosa.