Francisco, ya frágil, dicta su Testamento a un hermano que escribe a la luz de una pequeña lámpara
← Archivo de escritos

Libro V · Los escritos · Manuscrito 01

El Testamento: la voz de Francisco al final

Cerca de la muerte, Francisco vuelve al comienzo: los leprosos, las iglesias, los hermanos, el trabajo y la forma del Evangelio en su recuerdo más personal.

Al final de su vida, Francisco no empieza enumerando éxitos. Vuelve al encuentro que lo cambió. Cuando vivía “en pecados”, le resultaba amargo ver a personas con lepra; el Señor mismo lo condujo entre ellas y practicó misericordia. Al alejarse, lo amargo se le convirtió en dulzura del alma y del cuerpo.

Una memoria, no una autobiografía completa

El Testamento no cuenta toda su vida ni sigue una cronología exacta. Selecciona recuerdos capaces de orientar a los hermanos: los leprosos, las iglesias pobres, la Eucaristía, los sacerdotes, la llegada de la fraternidad, el trabajo y la Regla.

El texto es auténtico y probablemente fue dictado en 1226, cuando Francisco estaba muy enfermo. No sabemos quién tomó cada palabra ni poseemos la hoja original. Copias medievales transmitieron su voz.

Iglesias pobres y el Cuerpo de Cristo

Francisco recuerda su fe en las iglesias, incluso pequeñas y descuidadas, y su reverencia por los sacerdotes y la Eucaristía. No idealiza a cada clérigo. Afirma que, aun viendo límites, no quiere construir su fe desde el desprecio. Para él, Cristo se hace cercano mediante signos humildes.

“El Señor me dio hermanos”

La frase más conocida cambia el centro de la historia. Francisco no dice que reunió seguidores ni que fundó una organización brillante: el Señor le dio hermanos. La fraternidad es don, no propiedad.

Después, el Altísimo le reveló que debía vivir según la forma del santo Evangelio. Francisco la hizo escribir “con pocas y sencillas palabras” y el papa la confirmó. Así recuerda un proceso en que experiencia, comunidad, Escritura e Iglesia se encuentran.

Casas pequeñas y manos que trabajan

El Testamento pide que las casas sean pobres y que los hermanos eviten privilegios. Recuerda también que trabajaba con sus manos y quería que los demás hicieran lo mismo honestamente, no por codicia, sino como ejemplo y para apartar la ociosidad.

Francisco rechaza cartas de protección que pudieran colocar a los frailes por encima de otros. Su deseo de minoridad es exigente: vivir sin usar relaciones poderosas como escudo.

“No digan: esta es otra Regla”

Francisco insiste en que el Testamento no es una nueva Regla. Es memoria y exhortación para observar mejor la ya prometida. Tras su muerte hubo debates sobre el valor jurídico de estas líneas. La historia de la Orden no puede reducirse a una lectura simple: amor al fundador, crecimiento institucional y diferentes interpretaciones entraron en tensión.

La voz vuelve al comienzo

El final no ofrece nostalgia. Pide que el texto sea leído junto con la Regla y practicado con sencillez. Francisco mira hacia atrás para que los hermanos sepan avanzar.

Su voz todavía pregunta: ¿qué amargura necesita convertirse en encuentro? ¿A quién recibimos como don? ¿Qué privilegio debemos soltar para vivir como menores? El Testamento no conserva una estatua; devuelve una dirección.

Fuentes para este manuscrito

  1. Testamento de san Francisco — Orden de los Frailes Menores — texto completo en traducción.
  2. Paschal Robinson, The Writings of Saint Francis — edición histórica y transmisión manuscrita.
  3. Francis of Assisi: Early Documents, vol. 1 — edición crítica moderna.
  4. Regla de 1223 — Orden de los Frailes Menores — texto que el Testamento pide observar.

El texto es auténtico y de los últimos meses de Francisco. La identidad del escriba y el lugar exacto son desconocidos; la escena del dictado es una reconstrucción.